Un estudio del INTA en Salta validó zonas de manejo en cañaverales mediante la combinación de imágenes Sentinel-2 y sensores LiDAR en drones. La metodología permite identificar diferencias en la estructura del cultivo y avanzar hacia decisiones agronómicas más eficientes. Resultados preliminares de este estudio serán presentados en el Congreso Internacional de Drones, que se realiza del 23 al 25 de septiembre en Tucumán.

La producción de caña de azúcar se desarrolla frecuentemente en ambientes con elevada variabilidad espacial. Las diferencias en las propiedades del suelo, la disponibilidad hídrica y las condiciones topográficas generan respuestas contrastantes en el crecimiento y productividad del cultivo.

“En este contexto, la agricultura de precisión promueve la delimitación de zonas de manejo como una estrategia clave para optimizar el uso de insumos y adaptar las prácticas agronómicas a la heterogeneidad de cada lote”, indicó Hugo Fernández, investigador del INTA Yuto, Jujuy.

Con el objetivo de evaluar hasta qué punto la variabilidad observada mediante imágenes satelitales representa diferencias reales en el desarrollo del cultivo, los investigadores del INTA trabajaron en un lote comercial de aproximadamente 30 hectáreas ubicado en Urundel, Salta. Para ello, utilizaron una serie histórica de imágenes Sentinel-2 correspondientes al período 2019–2025.

A partir de los Ă­ndices espectrales NDVI, NDRE y EVI2, el equipo identificĂł sectores del lote con un comportamiento vegetativo recurrente y los clasificĂł en tres zonas de manejo: baja, media y alta.

“Posteriormente, se realizó un relevamiento con un dron equipado con un sensor LiDAR, tecnología que permite obtener una representación tridimensional detallada del cañaveral y caracterizar aspectos de su estructura, como la altura media y máxima de las plantas y la distribución vertical del dosel”, señaló Fernández quien aclaró que “la comparación entre ambas fuentes de información reveló que las áreas identificadas por los satélites como de mayor desarrollo también presentaban plantas de mayor altura y una estructura del dosel más desarrollada al ser observadas con LiDAR”.

Por ejemplo, en la zonificación realizada con el índice NDRE, la altura media del dosel pasó de 1,17 metros en la zona de menor productividad a 1,90 metros en la de mayor productividad, lo que representa una diferencia cercana al 61 %. Fernández destacó que “estos resultados confirman que los patrones detectados durante años mediante imágenes satelitales no representan simplemente diferencias espectrales o distintos colores en un mapa, sino que están asociados con cambios concretos y medibles en la arquitectura tridimensional del cañaveral”.