El sumo pontífice arribó este domingo a Buenos Aires en un vuelo de Aerolíneas Argentinas, tras despedirse de Uruguay con un mensaje de unidad y paz. En su primera jornada en el país, se reunió con el Presidente y pronunció un discurso en el Palacio Libertad, en medio de las tensiones entre el Gobierno y la Iglesia católica.

El papa León XIV llegó a la Argentina este domingo 8 de noviembre para iniciar una histórica visita al país. El sumo pontífice arribó a las 16.33 al Aeroparque Jorge Newbery, donde fue recibido por el presidente Javier Milei. Tras su llegada, comenzó su agenda oficial en la Ciudad de Buenos Aires con una visita al Monumento al General José de San Martín, en Plaza San Martín, donde rindió homenaje al Libertador.

Durante su primer discurso en el país, pronunciado en el Palacio Libertad, León XIV llamó a fortalecer la democracia, promover el diálogo y aprender a convivir en las diferencias. También dejó un mensaje sobre el rumbo económico: “La economía debe estar al servicio de la persona y no la persona al servicio de la economía”, sostuvo, y reclamó que la creación de riqueza y la inversión se traduzcan en oportunidades para todos. En ese marco, advirtió sobre la necesidad de atender a los jóvenes. Además, llamó a fortalecer la democracia y destacó la importancia del diálogo, la escucha y la búsqueda de consensos. La visita continuará con encuentros institucionales y actividades religiosas.

León XIV: “La economía debe estar al servicio de la persona y no la persona al servicio de la economía”

En su primera intervención pública en la Argentina, durante un discurso en el Palacio Libertad, el papa León XIV planteó que la economía debe priorizar a las personas y advirtió sobre la situación de los jóvenes. “Argentina posee muchos recursos humanos; hacer fructificar esas riquezas exige prestar atención a los jóvenes. Una nación debe preguntarse seriamente en qué ha fallado cuando sus jóvenes tienen que abandonar sus tierras para realizar sus sueños”, sostuvo.

Además, afirmó que “quien ejerce la autoridad tiene el deber de actuar con prudencia, reconocer los límites del poder que le ha sido confiado y orientar sus decisiones hacia el bien de toda la comunidad”.

León XIV y Milei mantuvieron una reunión privada en la Casa Rosada

El encuentro duró unos 40 minutos y se realizó en el despacho presidencial. El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, entregó al Pontífice las llaves de la Ciudad.

El papa León XIV y el presidente Javier Milei mantuvieron este domingo una reunión bilateral a solas en la Casa Rosada, en el marco de la primera jornada de la visita apostólica del pontífice a la Argentina. La audiencia se extendió durante unos 40 minutos y se desarrolló en el despacho presidencial, sin la presencia de ministros ni otros funcionarios.

El encuentro tuvo lugar después de la recepción oficial, la fotografía protocolar y el saludo a los integrantes del Gabinete nacional y a las autoridades eclesiásticas que acompañaron al Santo Padre. Entre los funcionarios presentes estuvieron la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; el jefe de Gabinete, Diego Santilli; el canciller Pablo Quirno; y el ministro de Economía, Luis Caputo, además de los titulares de las restantes carteras.

También participaron del saludo el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; la senadora Patricia Bullrich; el asesor presidencial Santiago Caputo; el vocero Adrián Ravier; y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, entre otras autoridades. El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, también estuvo en la recepción.

 

Los obsequios de Milei al pontífice

Durante la audiencia privada, Milei le entregó al Papa dos obsequios institucionales. El primero fue un medallón de plata con relieves de oro, presentado en una caja de madera, que lleva de un lado el escudo de la República Argentina y del otro el emblema del Vaticano, junto con la fecha de la visita y el nombre de León XIV.

El segundo regalo fue un aspersorio litúrgico de ébano y plata, utilizado para rociar agua bendita durante las celebraciones religiosas. En el mango tiene grabada una imagen de la Virgen de Luján, patrona de la Argentina, cuya basílica será uno de los lugares centrales de la agenda papal durante su estadía en el país.

Las llaves de la Ciudad, un reconocimiento al pontífice

Tras concluir la reunión en la Casa Rosada, el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, le entregó a León XIV las llaves de la Ciudad de Buenos Aires, en una ceremonia realizada frente al Monumento a Juan de Garay, en las inmediaciones de la sede gubernamental.

El papa León XIV llegó a Buenos Aires como peregrino de la esperanza

Fue recibido por el presidente Javier Milei, el nuncio apostólico y autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina. Los niños de una familia le entregaron un obsequio.

El papa León XIV llegó este domingo, a las 16.34, al Aeroparque Jorge Newbery desde Montevideo, su primera escala de la gira sudamericana, a bordo de un Boeing 737 MAX de Aerolíneas Argentinas, identificado como Pontifex Maximus.

El pontífice viaja acompañado por su séquito y una delegación de 83 periodistas tras dos jornadas de intensa actividad pastoral junto a la comunidad uruguaya.

En la terminal aérea porteña, León XIV fue recibido por el presidente Javier Milei en la pista. Previamente, el nuncio apostólico, monseñor Michael Wallace Banach, subió a la aeronave y le dio la bienvenida.

Luego continuó con los saludos protocolares: la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; el arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Marcelo Colombo; el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva; el obispo auxiliar de San Isidro y secretario general de la CEA, monseñor Raúl Pizarro; el encargado de Negocios de la Nunciatura Daniele Liessi; el presbítero Matías Tarico, secretario general adjunto de la CEA; y el director de Comunicación y Prensa de la CEA, presbítero Máximo Jurcinovic.

Las campanas de las iglesias sonaron al unísono para recibir a León XIV

Con un repique de diez minutos, distintas comunidades religiosas del país se unieron para dar la bienvenida al sucesor de Pedro.

El sonido de las campanas se hizo escuchar este domingo en distintos puntos de la Argentina para anunciar una llegada histórica: la del papa León XIV, quien pisó suelo argentino a las 16.30, en el Aeroparque Jorge Newbery, dando inicio a su visita apostólica al país. En ese mismo momento, numerosas iglesias y capillas hicieron sonar sus campanas durante diez minutos, en una iniciativa que buscó expresar la alegría de las comunidades católicas y acompañar espiritualmente el arribo del Santo Padre.

La convocatoria no fue un gesto aislado. En la arquidiócesis de Buenos Aires, el arzobispo monseñor Jorge García Cuerva invitó a los templos a realizar un repique simultáneo como señal de bienvenida. Una disposición similar fue impulsada por la diócesis de Avellaneda-Lanús, que convocó a sus parroquias y capillas a sumarse a los diez minutos de campanadas. Así, desde los campanarios, la Iglesia quiso hacer llegar un mismo mensaje: el país recibe al sucesor de Pedro con alegría, oración y esperanza.

En declaraciones a AICA, el párroco de San José de Flores, presbítero Martin Bourdieu, expresó que la comunidad «siente una emoción muy especial porque tenemos la sensación de que León viene a realizar el sueño que el papa Francisco no pudo, que es visitar su tierra. Y desde esta basílica lo viviremos con mucha intensidad».

«El lunes y el miércoles pondremos pantalla gigante en el templo para acompañar el lunes el rezo de vísperas en la catedral y miércoles la misa en Luján», añadió el sacerdote.

Mucho más que un sonido

Las campanas forman parte de la identidad de los pueblos y de la vida cotidiana de sus comunidades. Durante siglos, sus sonidos anunciaron celebraciones, convocaron a la oración, marcaron acontecimientos importantes y acompañaron tanto los momentos de alegría como los de recogimiento.

En esta ocasión, su repique adquirió un significado especial: convertirse en una bienvenida colectiva al papa León XIV.

Mientras el pontífice comienza su recorrido por Buenos Aires, Córdoba y Luján, las campanas dejaron su propio mensaje: una manera de estar presentes, de participar y de hacer sentir que, desde cada barrio y cada comunidad, la Argentina también salió a recibirlo.