Por Florencia Guttlein. Comunicadora Social y Community Manager.
El pasado 17 de mayo se celebrĂł el DĂa Internacional de Internet y aunque solemos asociarlo con avances tecnolĂłgicos, inteligencia artificial o redes sociales, quizás la pregunta más importante hoy sea otra: Âżrealmente estamos mejor comunicados?. En la era de la comunicaciĂłn, quizás lo que más abunde sea la incomunicaciĂłn.
Vivimos hiperconectados. Tenemos acceso inmediato a información de cualquier parte del mundo, hablamos en tiempo real con personas que están a miles de kilómetros y podemos enterarnos de todo en cuestión de segundos. Sin embargo, en medio de esa conexión permanente, algo parece haberse roto.
Internet revolucionĂł nuestra forma de vivir, trabajar, estudiar y relacionarnos. CambiĂł la polĂtica, el periodismo, el comercio y hasta la manera de construir identidad. Hoy gran parte de nuestra vida pasa por una pantalla. Pero mientras más conectados estamos, más difĂcil parece escuchar, dialogar y comprender al otro.
Las redes sociales muchas veces terminan convirtiéndose en espacios de agresión, ansiedad y odio. Vemos un nivel de violencia que se extiende vertiginosamente. Opinamos de todo, reaccionamos rápido y juzgamos el doble. Todo ocurre en segundos. La lógica del algoritmo premia el impacto, la polémica y el enfrentamiento. Lo importante ya no parece ser entender, sino viralizar.
A eso se suma la sobreinformaciĂłn. Nunca hubo tanto acceso a datos y, paradĂłjicamente, nunca fue tan difĂcil distinguir quĂ© es verdadero y quĂ© no. Las fake news circulan con una velocidad alarmante y muchas veces tienen más alcance que la informaciĂłn chequeada. La inmediatez le gana a la reflexiĂłn.
TambiĂ©n vivimos bajo una presiĂłn constante por estar presentes. Contestamos mensajes mientras trabajamos, revisamos redes antes de dormir y comenzamos el dĂa mirando una pantalla. Nos acostumbramos tanto a estar conectados que el silencio, la pausa o el aburrimiento parecen intolerables.
Pero quizás el problema no sea Internet en sĂ mismo, sino el uso que hacemos de Ă©l. La tecnologĂa no es buena ni mala por naturaleza: depende de cĂłmo decidimos utilizarla. Internet puede ser una herramienta extraordinaria para educar, emprender, generar comunidad y democratizar la comunicaciĂłn. De hecho, tambiĂ©n permitiĂł que pequeñas localidades, medios regionales y emprendedores del interior pudieran mostrar su voz al mundo sin depender de los grandes centros urbanos.
Por eso, en este DĂa Internacional de Internet, tal vez el desafĂo no sea desconectarnos, sino aprender a comunicarnos mejor. Recuperar el valor de la escucha, del debate respetuoso y del pensamiento crĂtico. Entender que detrás de cada perfil hay una persona real.
Porque en tiempos donde todo parece inmediato, quizás la verdadera revolución siga siendo algo mucho más simple: volver a mirarnos a los ojos.





