Procer trabaja en soluciones tecnológicas inclusivas y desarrolló un motor de inteligencia artificial junto a FAMAF a través del programa Voucher de Innovación de la Agencia Córdoba Innovar y Emprender. El proyecto busca fortalecer la privacidad de los datos y acompañar la expansión de la empresa hacia Estados Unidos. La startup ya opera en varios países y cuenta con más de 3.000 usuarios.

Procer nació en las aulas. Manuel Díaz Ferreiro y su equipo todavía eran estudiantes de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Córdoba cuando empezaron a darle forma a una idea con impacto social. La discapacidad visual fue el campo que eligieron, no por una historia personal, sino por convicción. «Argentina es de los pocos países que tiene buenas y de las mejores universidades públicas, y estudiar es gratis para los que van. Nos parecía que hacer un proyecto con un enfoque social era una forma de devolverle a la sociedad la educación que nos dieron», explica el cofounder.

Lo que empezó en competencias de planes de negocios fue tomando forma a través de un crowdfunding y, en 2018, luego con una  coinversión de la Agencia Córdoba Innovar y Emprender junto a un inversor ángel. Ese primer vínculo con la Agencia marcó el inicio de una relación que se extiende hasta hoy.

Una solución que lee el mundo

El producto de Procer combina hardware y software con inteligencia artificial para describir situaciones visuales a personas con discapacidad visual: puede funcionar como escáner portátil, con cámara incorporada, o a través de lentes con tecnología similar a la de las gafas de realidad mixta —modelo con el que la empresa ganó recientemente una subasta inversa del Ministerio de Educación de la Provincia.

Con  operaciones en Argentina y Chile y ventas en entre ocho y diez países, entre sus clientes figuran gobiernos nacionales y provinciales, empresas y usuarios finales. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDis) distribuyó 583 de sus dispositivos a estudiantes en todo el país, la Municipalidad de Córdoba implementó la solución en sus 39 escuelas municipales, y este año la Provincia adquirió 130 nuevos dispositivos para estudiantes con discapacidad visual.

El proyecto que dio origen a la alianza

Al proyectar su expansión hacia Estados Unidos, Procer identificó un problema que su infraestructura tecnológica no podía resolver: la privacidad de los datos de los estudiantes. «Una organización grande en Estados Unidos nos planteó la privacidad de los datos como un tema central, que por ahí en Sudamérica no le damos tanta importancia. Por eso surge este proyecto», señala el emprendedor.

La solución fue desarrollar, junto a FAMAF (Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación), un motor de IA propio —conocido técnicamente como RAG (Retrieval-Augmented Generation)— que procesa todo de manera local, sin depender de servidores de terceros, y sobre el que Procer tiene plena propiedad intelectual. En la práctica, el estudiante carga sus materiales de estudio y puede consultarle al dispositivo Procer 3 AI en voz alta; el sistema busca en esos materiales y genera respuestas verificables citando la fuente. El proyecto duró cuatro meses e involucró al Dr. Damián Barsotti como director por parte de FAMAF, junto al Lic. Nahuel Seiler y un estudiante avanzado de Ciencias de la Computación.

Universidad y empresa: una alianza que potencia

Para Díaz Ferreiro, la articulación entre la universidad y el sector privado es uno de los aprendizajes más valiosos del proceso. «Las empresas a veces tenemos miedo de la burocracia y los tiempos, y creo que eso nos frena a hacer este tipo de alianzas y nos perdemos de personas hiper capacitadas», afirma. Por eso, cuando surgió la convocatoria, no dudó en acercarse al área de vinculación de FAMAF: «Tenía esta idea que pensaba que podíamos desarrollar de manera interna, pero creía que ustedes iban a dar una mejor solución.»

El resultado superó las expectativas. «Fue un proyecto corto, de cuatro meses, y tampoco grande en términos presupuestarios. Pero nos dio un salto de calidad enorme», resume. Y detalla por qué: «Lo que te puede dar una universidad o un centro de investigación —métricas de impacto, comparación de modelos de inteligencia artificial— son cosas que cuando uno lo hace internamente se pierde.» 

Un programa que funciona como nexo

Sobre la experiencia con el Voucher, Díaz Ferreiro es contundente: «La convocatoria fue clara, el seguimiento fue muy prolijo, las fechas se respetaron.” Para él, el programa cumple un rol que el Estado puede y debe jugar. «Si la parte pública hace de nexo y financia este tipo de proyectos para que después sigamos nuestro camino solos en la alianza, eso es fundamental», dice. Y añade: «La universidad y el sector privado es una alianza que hay que tratar de explotar y aprovechar los recursos que tenemos.» Su balance final es simple: «Voucher sirve para animarse. Después está en uno y en el aliado seguir el camino.»

Con el motor de IA propio integrado al dispositivo Prócer 3 AI —que cuenta con más de 3.000 usuarios—, la empresa avanza en un proceso de validación con organizaciones en Estados Unidos. Once años después de aquella idea en la facultad, la empresa que nació con el objetivo de devolverle algo a la sociedad sigue buscando, en cada desarrollo, que la tecnología llegue a quienes más la necesitan.