El Papa León XIV, en su visita a Pompeya el 8 de mayo proclamó que “El amor realiza milagros”, para subrayar que la caridad, la compasión y la fe cristiana tienen el poder transformador de cambiar corazones y situaciones difíciles, incluso cuando las circunstancias parecen desesperadas.

Esta afirmación la realizó justo el día de su primer aniversario de pontificado mientras se encontraba en el santuario mariano fundado por el beato Bartolo Longo, quien transformó un valle marcado por la pobreza y la malaria en un centro de fe y caridad.

Citando el ejemplo del beato, el Papa señaló que el amor puede llevar al bien incluso a las personas más “difíciles” o vulnerables, siendo el rostro de Cristo en cada ser humano.

León XIV afirmó que el amor obra milagros que van más allá del esfuerzo humano, sanando almas y regenerando corazones a través de la fuerza de la Resurrección.

Señaló asimismo que frente a un mundo marcado por conflictos, “ninguna potencia terrenal salvará al mundo”, sino que solo la potencia divina del amor –vivida a través de la caridad y la oración- puede vencer a la guerra y el odio”.

Explicó que los milagros no son sólo eventos extraordinarios, sino que son la manifestación del amor de Dios en la vida diaria. E instó a rezar el Rosario, al que llamó “motor” de la esperanza.

En síntesis, la frase pronunciada que asevera que “el amor realiza milagros” es un llamado a confiar en la acción de la gracia divina en la vida cotidiana y a priorizar la caridad sobre el poder material.

Durante su visita pastoral a Pompeya y Nápoles el 8 de mayo, día de la Virgen del Santo Rosario de Pompeya, el Pontífice se reunió con las personas acogidas en las obras de caridad del santuario de Pompeya.

Hombres y mujeres de oración

En su discurso pronunciado en la sala Trapani, el Santo Padre elogió el legado espiritual de San Bartolo Longo y exhortó a los fieles a convertirse en «hombres y mujeres de oración», capaces de dar testimonio del amor de Cristo al servicio de los más vulnerables.

“Permítanse ser inspirados y movidos por la alegría que nace de las palabras de Jesús y de su ejemplo, y anúncienla a todos”. Con esta exhortación, el Papa León XIV abrió su visita al llamado “Templo de la Caridad” del Santuario de Pompeya el 8 de mayo, en el primer aniversario de su elección como Sucesor de Pedro.

El primer encuentro de la visita tuvo lugar con quienes colaboran en las obras caritativas del Santuario, en un clima de cercanía y gratitud. Allí, el Pontífice agradeció la entrega de voluntarios y responsables, y expresó su alegría por iniciar este recorrido “siguiendo las huellas de San Bartolo Longo, a quien tuve la alegría de canonizar el pasado 19 de octubre”.

Un lugar donde la fe y la caridad se sostienen mutuamente

León XIV definió el Santuario como “un lugar de gracia”, donde la Virgen del Rosario y San Bartolo Longo reúnen a personas de toda condición “para conducirlas a la única fuente de ese amor universal que solo puede dar al mundo serenidad y armonía: para conducirlas a Dios”.

Recordó además cómo el santo llamaba a este valle “lugar del amor que calienta el corazón” y “triunfo de fe y caridad”, expresiones que, afirmó, siguen siendo plenamente visibles en la actualidad.

“En las obras caritativas del Santuario se experimenta cada día la fuerza de la Resurrección de Cristo que, en el amor, regenera los corazones para la vida buena del Evangelio”, subrayó el Pontífice. Añadió que el “Templo de la Caridad” y el “Templo de la Fe” se sostienen recíprocamente, haciendo posible una dinámica en la que la oración alimenta el servicio, la acogida y la generosidad.

Ver en cada rostro el rostro de Cristo

El Papa evocó los inicios de la misión de San Bartolo Longo, quien encontró en Pompeya una tierra marcada por la pobreza, la enfermedad y la violencia. Sin embargo, destacó que el futuro santo supo descubrir en cada persona “el rostro de Cristo”, especialmente en los más vulnerables.

“A quienes le decían que aquellos jóvenes repetirían el destino de sus padres, respondía que el amor puede llevar al bien incluso a los muchachos más difíciles”, recordó León XIV, subrayando que la caridad se convierte en fuerza transformadora cuando se vive con perseverancia.

En el corazón de su mensaje, el Pontífice situó la oración y, de manera particular, el Santo Rosario, al que definió como “el motor oculto que hace posible todo lo demás”.

“Les recomiendo mantener siempre viva y difundir esta antigua y bellísima devoción”, exhortó, explicando que la contemplación de los misterios de Cristo con la mirada sencilla de María permite que la acción de Dios “penetre en los corazones y transforme la existencia”.

En este sentido, pidió a los presentes asumir un verdadero “programa de vida”: ser hombres y mujeres de oración, capaces de reflejar la luz de Dios “como espejos claros y humildes”, y de convertirse en testigos creíbles del amor cristiano para las nuevas generaciones.

Jesús, el amigo que nunca abandona

Dirigiéndose especialmente a los niños y jóvenes, León XIV los animó a confiar en quienes los acompañan en su crecimiento, pero sobre todo a poner su confianza en Jesús.

“Jesús es el Hijo de Dios, crucificado y resucitado, que nos salva y nos libera”, afirmó. Y lo describió como “el Amigo que nunca nos abandona ni nos rechaza, el Hermano que nos comprende y camina siempre con nosotros”.

Finalmente, el Papa invitó a todos a confiar la humanidad entera a Dios por intercesión de María, asegurando que, con su gracia, nada podrá impedir el bien ni la esperanza de un futuro de paz.

Antes de concluir, León XIV encomendó a los presentes a la Virgen del Rosario de Pompeya y a San Bartolo Longo, e impartió su bendición apostólica con una súplica final: “¡Reina del Santo Rosario de Pompeya, ruega por nosotros! ¡San Bartolo, ruega por nosotros!”.

“Nadie debe quedarse solo”

En una semana por demás cargada de actividades, León XIV recibió a los miembros de AISLA, la Asociación Italiana de Esclerosis Lateral Amiotrófica, agradeciéndoles su servicio de atención y apoyo a los pacientes y sus familias, de una manera que «encarna la forma en que Jesús trataba a los que sufren».

La atención sanitaria, «además de organización y competencia, requiere presencia, incluso presencia física, para el bien de la persona», subraya el Pontífice, animándolos a seguir adelante con valentía: «¡No se rindan!».

«Debemos responder a la cultura del despilfarro y la muerte» que marca, o mejor dicho, hiere, esta época con gestos de cuidado, fomentando la solidaridad y el respeto, teniendo siempre presente que «en las diversas situaciones de la vida, especialmente en las difíciles, nadie debe quedarse solo».

El discurso del Papa León XIV a los miembros de la Asociación Italiana de Esclerosis Lateral Amiotrófica (AISLA), recibido en audiencia en el Aula Clementina, es un himno al coraje y un mensaje de esperanza.

Más de 400 representantes de esta organización sin ánimo de lucro, la más importante en su campo en Italia, estuvieron presentes. Fundada en 1983, protege, asiste y trata a pacientes con ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), una enfermedad que afecta a aproximadamente 6.000 personas de entre 40 y 70 años. La propia AISLA prevé unos 2.000 nuevos casos cada año. Además de los pacientes, la Asociación también cuida de sus familias, apoyándolas en una lucha a menudo física y psicológicamente agotadora. Un servicio por el que el Papa expresa su profunda gratitud.

“Son una asociación que une a las personas que viven con la enfermedad, a sus familias y a sus cuidadores, en una alianza terapéutica de gran cercanía y cercanía que encarna la manera en que Jesús trató a quienes sufren”.

El mensaje del valor de la vida

El Papa habló en este sentido de un «pacto», cuya primera contribución, subraya, proviene de quienes padecen ELA, quienes «cada día, con compromiso, fe y valentía, dan testimonio de que la bondad y el valor de la vida son mayores que la enfermedad».

De hecho, añade León XIV, «los mismos desafíos que conlleva pueden afrontarse juntos, transformándolos en oportunidades especiales y privilegiadas para dar y recibir amor». «¡Gracias por esto!», exclama:

“Ustedes, como profetas, enseñan a todos el verdadero valor de la vida, ¡y nuestro mundo necesita desesperadamente este mensaje!”.

Proximidad y cercanía

El Papa también recuerda el apoyo de la Asociación a la investigación científica, la formación, la información y la asistencia, así como su «importante papel de representación y defensa» y su labor de sensibilización entre individuos, comunidades e instituciones, incluso a nivel civil, «donde sea necesario para proteger los derechos de quienes lo necesitan».

Pero, sobre todo, lo que León XIV destaca del trabajo de AISLA es su «estilo», que se centra por completo en la «proximidad». La proximidad se traduce, ante todo, en «proximidad territorial», es decir, presencia en los hogares de quienes sufren. «Esto también es muy importante».

“La atención sanitaria, más allá de la organización y la experiencia, requiere presencia, incluyendo la presencia física, para el bienestar de la persona en todas sus dimensiones: biológica, psicológica y espiritual”.

Que nadie se quede jamás solo

«La Iglesia», añade el Papa León XIV, «siente profundamente el valor de esta “cercanía”: de estar al lado de las personas, dondequiera que estén, en sus hogares, para ofrecer apoyo, no solo en términos de atención, sino también en términos de espiritualidad, prestando especial atención a las preguntas sobre el sentido que plantea el dolor y que no pueden quedar sin respuesta».

“En las diversas situaciones de la vida, especialmente en las difíciles, nadie debería quedarse jamás solo, y el voluntariado, que nos une en la generosidad, materializa poderosamente este valor, fomentando la solidaridad y el respeto, y respondiendo con gestos de cuidado a la cultura del despilfarro y la muerte”.

Pueblo de la esperanza

Al concluir la audiencia, el Papa invitó a mirar a Jesús, quien «recorrió ciudades y pueblos curando toda enfermedad y dolencia» y que eligió vivir «su Pasión, su Vía Crucis, como un tiempo de prueba, de dolor físico y sufrimiento espiritual».

Cristo «fue solidario con nosotros hasta el final, mostrándonos, sin embargo, con su Cruz y Resurrección, que el dolor y el sufrimiento no pueden detener el amor ni anular el poder de Dios», subraya León XIV.

«Por esta razón», anima, «todos nosotros, hijos de su Pascua, somos pueblo de esperanza, que no nos rendimos ante las dificultades, sino que, unidos y solidarios, con la ayuda de Dios, seguimos caminando, sin desanimarnos jamás».

“Sin desanimarse. Y por esto, les agradezco de todo corazón su valentía: no se rindan, caminen con esa valentía y esperanza en el Señor”.