El centro de acogida gestionado por Cáritas, ubicado en el sur de Madrid, fue el lugar del segundo encuentro de la primera jornada del Papa en su viaje a España. El Pontífice ha visitado este lugar en el que ha podido escuchar los testimonios de trabajadores y asistidos. En sus palabras a los presentes, León XIV ha recordado que el amor de Cristo nos empuja hacia los hermanos, y la caridad y la solicitud con que respondemos a sus impulsos son la prueba de nuestra fe.
“Estoy muy contento de comenzar aquí mi visita a Madrid”, con estas palabras, el Papa León XIV ha querido iniciar el discurso que ha pronunciado en su primera tarde en la capital española, en la visita al centro de información y acogida CEDIA 24 horas, gestionado por Cáritas. “Yo también estoy entre vosotros como un madrileño más: gracias, Madrid, por esta bienvenida, que me hace sentir parte de una gran y maravillosa familia en la que, como en todas las familias, ocurren milagros de amor. En particular en esta casa, donde nadie se queda solo”.
Por la tarde, antes de dejar la nunciatura de Madrid para la visita a CEDIA, el Papa ha tenido un encuentro con un grupo de unas 40 personas con discapacidad y enfermos, asistidos por varias organizaciones caritativas católicas y de la archidiócesis. León XIV, les ha dirigido unas palabras, les ha saludado personalmente y finalmente han rezado juntos el Padre Nuestro.
Al llegar a este centro ubicado en el barrio de Lucera, León XIV ha sido recibido por el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo y por el director del centro. Dentro de la estructura, uno de los asistidos, de nacionalidad peruana, ha explicado el funcionamiento del Centro y la asistencia que reciben las personas sin hogar.
A continuación, el responsable del proyecto, junto a cuatro colaboradores, ha acompañado al Pontífice al comedor, donde le esperaban algunos asistidos. Antes de ir al patio para el encuentro con los trabajadores y más asistidos, el Santo Padre ha firmado el libro de los huéspedes.
Después del canto de bienvenida y las palabras del cardenal Cobo y el director del centro, el Pontífice ha escuchado los testimonios de una madre, de un migrante y de una voluntaria. A continuación, León XIV ha pronunciado su discurso.
Experiencias dolorosas pero llenas de luz
“Aquí́, la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos y, al escucharnos mutuamente, afrontamos juntos los retos, sin ignorar la complejidad de las situaciones y, al mismo tiempo, sin dejar de lado las exigencias de la caridad y la justicia”, ha asegurado el Papa en su discurso.
Asimismo, haciendo referencia a los testimonios que acababan de escuchar, ha dado las gracias a los presentes “por haber compartido experiencias dolorosas, pero sobre todo llenas de luz, que reflejan, como espejos, la caridad de Dios”.
El Papa también ha hecho referencia a las palabras del lema de la visita del viaje “Alzad la mirada” para explicar que “son una invitación a contemplar los campos que, maduros, esperan la cosecha, y nos recuerdan que la caridad no admite demoras”.
El amor de Cristo, ha precisado el León XIV, nos empuja hacia los hermanos y la caridad y la solicitud con que respondemos a sus impulsos son la prueba de nuestra fe. Asimismo, ha advertido, citando Dilexi te, que “también los cristianos, en muchas ocasiones, se dejan contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por posicionamientos políticos y económicos que llevan a injustas generalizaciones y a conclusiones engañosas”.
El hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado – ha proseguido el Santo Padre – como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el Evangelio, para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana. No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico.
Mirar a los ojos del que sufre
León XIV, ha subrayado que “un corazón vivo es cálido y palpitante, y da vida”, sin embargo “un corazón frio está inmóvil, ya no bombea sangre, y provoca la muerte de la persona”.
El Pontífice ha asegurado que el Señor nos invita a “mirar a los que sufren a los ojos y a hacer de la ayuda ante todo un encuentro de hermanos unidos en el único abrazo del Padre”.
Y ha querido recordar las palabras de su predecesor el Papa Francisco, cuando preguntaba: “Cuando tú das limosna, ¿miras a los ojos del mendigo? ¿Le tocas la mano para sentir su carne?”. La limosna, decía Francisco, no es beneficencia. El que recibe más gracia de la limosna es el que la da, porque se hace mirar por los ojos del Señor”.
María ejemplo de caridad
Finalmente, el Obispo de Roma ha propuesto mirar a María, “en cuya caridad todo esto encuentra cumplimiento: en su amor solícito en Caná, anhelante tras los pasos de su Hijo, cercano y partícipe hasta el final al pie de la cruz”. A Ella, ha concluido, “os confío a cada uno de vosotros y vuestro trabajo, en esta tierra que le está consagrada, deseando que el espíritu de su maternidad universal anime cada vez más el grito de la fe”.
Al finalizar el encuentro, y después de la actuación de Niña Pastori, el intercambio de los regalos, y la bendición, el Papa ha ido a la iglesia de la Crucifixión del Señor, al lado del centro, para bendecir a algunos representantes de las Asociaciones sociales de la archidiócesis metropolitana de Madrid. Mientras que a la noche, a las 20:30, miles de jóvenes venidos de toda España le esperaban en la plaza de Lima para una vigilia de oración.
La cultura del encuentro
Este sábado, 6 de junio, en el marco de su viaje apostólico a España, el 4º de su pontificado, en su primer discurso en Madrid ante las autoridades, los representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático, celebrado en el Palacio Real de la capital, el Papa destacó las raíces cristianas del país, el legado de Teresa de Ávila, Juan de la Cruz e Ignacio de Loyola, e invitó a apostar por el diálogo y a abandonar las divisiones y la polarización.
El Papa León XIV lanzó este sábado en su primer discurso en suelo español un llamamiento a la reconciliación, al diálogo y a la superación de las divisiones y la polarización. Y defendió que “no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad” para los pueblos. “El mensaje de paz que, en estos tiempos, por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad”, destacó el Pontífice.
En un exhaustivo discurso marcado por referencias a la historia, la espiritualidad y la cultura españolas, el Pontífice subrayó que cada una de las etapas de su viaje — Madrid, Barcelona y Canarias — permite descubrir “algún aspecto de la riqueza multifacética de un gran país que, desde hace casi dos milenios, ha acogido la Palabra del Evangelio”.
León XIV destacó que la fe cristiana ha contribuido de manera decisiva a modelar la cultura española y sigue siendo una fuente de esperanza para afrontar los desafíos contemporáneos. En esta línea, elogió las manifestaciones de religiosidad popular, las cofradías, las asociaciones caritativas y el rico patrimonio artístico y musical que testimonian “el fecundo encuentro entre Jesucristo y vuestro pueblo”. “¡Es un pueblo lleno de pasión, que ama la vida y lo manifiesta!”, apuntó el Papa.
Contra las narrativas divisivas y polarizantes
Uno de los ejes centrales de su primera intervención pública en España fue la preocupación por la creciente polarización social y política que afecta a numerosas sociedades occidentales. El Papa invitó a abandonar “las narrativas divisivas y polarizantes” para pasar “de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”.
León XIV también quiso detenerse en el papel de Europa, donde España es un actor “original y fundamental”. El Pontífice sostuvo que el Viejo Continente puede ofrecer al mundo el ejemplo de una sociedad capaz de valorar la complejidad sin caer en simplificaciones ni enfrentamientos identitarios.
A su juicio, la verdadera juventud de Europa radica en mantener viva la conciencia de tener una misión y un futuro que aportar, aprendiendo a convivir con la diversidad y rechazando aquellas visiones que convierten las diferencias en fuentes de división y enemistad.
“Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos: he aquí la tarea de quien tiene una gran historia a sus espaldas”, subrayó el Pontífice.
Fortalecer la formación y la investigación
El Papa alertó de que la tentación de buscar popularidad “avivando el fuego de las polarizaciones” continúa creciendo, mientras que la dignidad humana sigue siendo vulnerada. Por ello, reclamó una mayor apuesta por “la cultura, la educación libre y de calidad, la interioridad y la trascendencia”.
León XIV advirtió además de los riesgos que plantean las nuevas tecnologías cuando favorecen la difusión de prejuicios, debilitan el pensamiento crítico y alimentan dinámicas de confrontación. Frente a ello, pidió fortalecer la formación, la investigación, las comunidades locales y la sociedad civil como espacios de participación y mediación cultural.
“Es necesario, sobre todo por parte de quienes tienen responsabilidades económicas, políticas e institucionales, dar un salto cualitativo, un cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación, a las comunidades locales y a la sociedad civil como semillero de participación y mediación cultural” apuntó el Papa.
Y agregó: “La seguridad, que con demasiada frecuencia nos ilusionamos que provenga de las armas y los muros, madura más bien al aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos, codo con codo”.
La mística española como respuesta a la crisis contemporánea
León XIV dedicó también una parte significativa de su discurso a recordar las figuras de san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús, a quienes presentó como maestros especialmente valiosos para el momento actual.
Del místico carmelita destacó su reflexión sobre la “noche oscura”, entendida no como derrota sino como un tiempo de purificación y crecimiento, como “el tiempo en que el alma se libera de lo que presumía de conocer y poseer”.
Según explicó, una sociedad marcada por la incertidumbre necesita hombres y mujeres capaces de descubrir la luz incluso en medio de la oscuridad. “Nuestra época, que en apariencia se ve sacudida por terribles desequilibrios y conflictos, clama en lo más profundo por la paz, por un nuevo conocimiento de la persona humana y de su dignidad inviolable, por la civilización del amor”, destacó el Papa.
También evocó la imagen del “castillo interior” de santa Teresa de Ávila para recordar que el camino hacia el corazón de cada persona no conduce al aislamiento, sino a una apertura más profunda a Dios y a los demás. Desde esa perspectiva defendió la importancia de proteger “la libertad religiosa y de conciencia”.
Una Iglesia al servicio de la reconciliación
El Papa remarcó que la Iglesia católica “está al servicio de esta sed del corazón humano”. No de forma impositiva, “sino con el testimonio evangélico respaldado por una multitud de mártires y santos, y hoy está dispuesta a ponerse al servicio del futuro de un pueblo que busca la reconciliación y la paz”.
A este respecto, el Pontífice recordó episodios históricos de convivencia y diálogo entre culturas y religiones en España, como la labor desarrollada en la Escuela de Traductores de Toledo bajo Alfonso X el Sabio, donde cristianos, musulmanes y judíos colaboraron en la transmisión del conocimiento.
Para León XIV, esa experiencia demuestra que la historia de España ofrece ejemplos valiosos de encuentro entre diferentes tradiciones y constituye una inspiración para afrontar los desafíos actuales.
“Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles.
Más bien, indiquemos criterios de discernimiento —la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz— y traduzcámoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz”, apuntó el Papa.





