Investigadores del INTA y del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA) desarrollaron un envase biodegradable y compostable que busca reemplazar al film convencional utilizado en la industria cárnica. Las primeras pruebas de laboratorio mostraron resultados equivalentes al plástico tradicional en la conservación de la carne y el próximo paso será evaluar la tecnología en carnicerías y supermercados.
Reducir el impacto ambiental de los envases sin comprometer la conservación de los alimentos es uno de los desafíos que enfrenta la industria. En ese camino, un equipo de investigadores argentinos desarrolló un film biodegradable y compostable para envasar carne vacuna, una innovación que busca disminuir la utilización de plásticos de un solo uso.
El proyecto reúne a especialistas del INTA Balcarce, INTA Castelar y el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA) y surgió a partir de un trabajo conjunto con la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
La investigación comenzó hace aproximadamente un año y medio sobre la base de estudios previos en materiales con potencial biodegradable. El desafío fue desarrollar una alternativa al film alimentario elaborado con derivados del petróleo que pudiera, al mismo tiempo, cumplir con las exigencias de conservación de un producto altamente perecedero.
“El objetivo fue desarrollar una alternativa capaz de reemplazar al film alimentario convencional, elaborado a base de derivados del petróleo, sin resignar las condiciones de conservación que exige uno de los alimentos más perecederos”, explicó Laura Testa, especialista del INTA Balcarce.
Un film biodegradable que conserva la carne durante siete días
Para comprobar el funcionamiento del nuevo material, los investigadores reprodujeron en laboratorio las condiciones de exhibición de una góndola de supermercado.
Durante siete días compararon la evolución de carne envasada con film convencional y con el nuevo material compostable. En ese período analizaron procesos como la oxidación, la degradación de proteínas y el desarrollo microbiano.
Los primeros resultados mostraron que el nuevo film tuvo un comportamiento equivalente al tradicional en sus propiedades físicoquímicas y permitió conservar la calidad y la inocuidad del producto durante todo el período de almacenamiento analizado.
También logró preservar el color de la carne, una característica especialmente relevante por tratarse de uno de los atributos que los consumidores consideran al momento de elegir el producto.
“El desarrollo y la validación de films compostables a escala de laboratorio responden a la necesidad de garantizar que el nuevo material mantenga los altos estándares de conservación, frescura e inocuidad que la carne exige durante su vida útil”, señaló Testa.
De almidones vegetales a un nuevo envase
El material está elaborado a partir de ácido poliláctico, conocido como PLA, un polímero que se obtiene mediante la fermentación de almidones provenientes de fuentes como el maíz, la papa, la caña de azúcar o la yuca.
Una de sus principales características es su capacidad para degradarse biológicamente bajo condiciones de compostaje. De acuerdo con los investigadores, puede compostarse en un plazo de hasta 180 días, transformándose en biomasa, dióxido de carbono y agua sin dejar residuos tóxicos.
La innovación apunta a reducir el impacto de uno de los principales usos del plástico. Según datos del Anuario Estadístico de la Industria Plástica de la Cámara Argentina de la Industria Plástica (CAIP) citados en el trabajo, en Argentina se utilizan alrededor de 42,7 kilos de plástico por habitante al año y cerca del 50% del plástico industrial se destina a envases y empaques.
El prototipo desarrollado hasta el momento consiste en una plancha de film de mayor espesor que el material convencional. Al ser maleable, puede colocarse sobre la bandeja sin entrar en contacto directo con la carne.
El desafío de llevar la innovación del laboratorio al mercado
Superadas las primeras pruebas, la próxima etapa será evaluar el film en condiciones reales de carnicerías y supermercados.
Para avanzar hacia una eventual aplicación comercial, el material deberá adaptarse a las máquinas y procesos que actualmente utiliza la industria. La intención es que su incorporación pueda realizarse aprovechando la infraestructura productiva existente.
Según Testa, ya hay compañías interesadas en participar de la etapa de escalado y aportar sus establecimientos para realizar las pruebas. El sector plástico también manifestó interés en la fabricación de estos nuevos materiales.
Sin embargo, todavía existen desafíos antes de una posible llegada al mercado. La materia prima utilizada para fabricar el film es más costosa que la del plástico tradicional, por lo que uno de los objetivos será reducir costos durante el escalado.
También será necesario disminuir su espesor. Actualmente, esa característica hace que el material tenga una apariencia más opaca, un aspecto que los investigadores buscarán mejorar para facilitar la visualización de la carne envasada.
El próximo paso: desarrollar una alternativa para el envasado al vacío
El film desarrollado hasta ahora está pensado para conservar carne en una atmósfera con presencia de oxígeno. La investigación proyecta avanzar también sobre un material biodegradable destinado al envasado al vacío, un sistema utilizado especialmente para la carne de exportación.
Esta modalidad plantea nuevas exigencias debido a que el producto se conserva sin contacto con el oxígeno y requerirá adaptar las características del material.
Si la tecnología consigue avanzar en su escalado y aplicación industrial, el desarrollo podría abrir además posibilidades para crear envases biodegradables destinados a otros alimentos.
“Representa un avance significativo para la modernización de la cadena cárnica y una oportunidad para reducir la generación de residuos plásticos, en línea con las crecientes demandas de los mercados”, concluyó Testa.





