Investigadores de INTA Ingeniero Juárez evaluaron el desempeño de 18 cultivares de gramíneas megatérmicas en el Chaco Semiárido. Los resultados confirmaron que existen materiales con buen potencial productivo y adaptación a condiciones de alta radiación, temperaturas elevadas y déficit hídrico. Se trata de información clave para la planificación forrajera en sistemas ganaderos
En Formosa, la ganadería es la principal actividad productiva. En particular en el oeste, en pleno Chaco Semiárido, esta actividad se desarrolla bajo condiciones de alta exigencia climática, con temperaturas máximas que superan los 45 grados y precipitaciones de marcada variabilidad interanual, con promedio cercano a los 650 milímetros anuales. En este contexto, donde el bosque nativo constituye la base de la oferta forrajera, la incorporación de gramíneas megatérmicas surge como una herramienta estratégica para mejorar y estabilizar la producción.
Un trabajo del INTA Ingeniero Juárez en esta zona, aporta datos concretos para ajustar la base forrajera en sistemas ganaderos del Chaco Semiárido. Tras analizar durante cuatro ciclos productivos el comportamiento de 18 cultivares de gramíneas megatérmicas en parcelas experimentales, el equipo de investigación identificó materiales que combinan rendimiento y estabilidad frente a condiciones ambientales exigentes.
“Evaluamos 18 cultivares en condiciones muy contrastantes y observamos que varios materiales sostienen buenos niveles de producción incluso en años con limitaciones hídricas”, explicó María Inés Cavallero, investigadora del INTA Ingeniero Juárez. “Esto permite pensar en esquemas forrajeros más estables para la región”, agregó.
El ensayo se desarrolló bajo escenarios climáticos variables, lo que permitió comparar la respuesta de las distintas especies frente a situaciones muy diferentes. En ese contexto, algunos cultivares se destacaron de manera consistente por su producción de materia seca y su capacidad de adaptación.
Entre ellos, los materiales de porte alto de buffel grass (Cenchrus ciliaris) mostraron desempeños superiores al promedio. “Los cultivares Molopo, Biloela, Lucero INTA-Pemán y Orión INTA alcanzaron producciones entre 11.500 y 10.700 kilos de materia seca por hectárea por año, con buen comportamiento tanto en años húmedos como secos”, detalló Cavallero. Según indicó, a esto se suma una rápida recuperación luego del pastoreo y un rebrote temprano, características valoradas en planteos ganaderos.
Otro de los materiales destacados fue Panicum coloratum cv. Bambatsi, que superó los 10.200 kilos de materia seca por hectárea por año. “Este cultivar duplicó los valores registrados por el cultivar Klein, lo que marca diferencias claras en términos productivos”, señaló la especialista. En tanto, Gatton panic, una de las gramíneas megatérmicas más difundidas en la región, registró rindes cercanos a los 8.000 kilos de materia seca por hectárea, con una excelente calidad forrajera.
En el grupo de especies rastreras, Urochloa humidicola cv. Llanero también mostró un desempeño destacado, con producciones próximas a 11.100 kilos de materia seca por hectárea por año. “En los años con mayores precipitaciones, este material respondió con muy buenos niveles de producción”, indicó Cavallero. Aunque con menores rindes, Urochloa ruziziensis y Urochloa mosambicensis aparecen como alternativas útiles para complementar mezclas o mejorar la cobertura en distintos ambientes.
No todos los materiales mantuvieron el mismo comportamiento a lo largo del tiempo. Algunos cultivares de Grama Rhodes (Chloris gayana) evidenciaron una menor persistencia, con una caída en la densidad de plantas a partir del tercer año de evaluación. Este tipo de respuesta refuerza la necesidad de considerar no solo la producción inicial, sino también la estabilidad del stand de plantas en el tiempo.
A partir de estos resultados, el equipo del INTA remarca la importancia de diversificar la base forrajera. “La incorporación de especies con características complementarias permite sostener la oferta de forraje a lo largo del tiempo y reducir la variabilidad entre campañas”, afirmó el especialista. En esa línea, destacó que la elección de los cultivares debe contemplar tanto su potencial productivo como su comportamiento frente a distintas condiciones.
El estudio aporta información clave para la toma de decisiones en sistemas ganaderos del Chaco Semiárido. La identificación de materiales con buen desempeño permite ajustar las estrategias de implantación y manejo, con el objetivo de lograr una oferta forrajera más previsible y eficiente.
“Contar con datos locales sobre el desempeño de estos cultivares es fundamental para mejorar la planificación forrajera”, concluyó Cavallero. “Los resultados muestran que existen alternativas concretas para potenciar la producción en la región, combinando especies que se adapten a diferentes escenarios”.





