Por Sandra Choroszczucha – Politóloga y Profesora de la UBA

El gobierno libertario de Javier Milei impulsó el tratamiento de una reforma laboral. El gobierno lo presentó como un proyecto de modernización laboral, para aquellos que lo apoyan se trataría en efecto de un tipo de flexibilización laboral conveniente para que se emplee a más personal, mientras que para muchos otros se trataría de un proyecto de precarización laboral.

Antes de presentar el proyecto de reforma y enfocar en un artículo de la ley que fue expulsado por presión de parte de la dirigencia política, de la sociedad civil y con énfasis desde el periodismo, sería importante destacar que, bajo un modelo de apreciación monetaria, Argentina se presenta como un país poco competitivo, por lo tanto, los argentinos racionalmente eligen comprar productos extranjeros antes que nacionales, y eligen viajar al exterior antes que pasear dentro del país.

Por esto, Argentina se presenta como un país caro, y los productos argentinos reducen sus ventas a propios y ajenos. Bajo este escenario es esperable que cantidad de negocios e industrias despidan personal o cierran sus puertas (como ya está ocurriendo), y así, aunque se promulgue una nueva ley de reforma laboral, no se podrá contratar más personal, sino que contrariamente, el desempleo continuará creciendo.

Planteemos la modernización o precarización laboral en cuestión. Dicho proyecto contempla las siguientes reformas:

 

  • Autorizar una jornada laboral diaria a 12 horas, con un descanso de 12 horas entre jornadas. Para que esto se lleve a cabo debe existir un acuerdo voluntario.
  • Se habilitarán contratos a tiempo parcial por debajo de la jornada legal.
  • Las asambleas que puedan querer organizar los trabajadores estarán sujetas a una autorización previadel empleador, si estas pudieran afectar el funcionamiento normal de las empresas.
  • Respecto a las indemnizaciones, el nuevo esquema excluye el monto que se percibe por vacaciones, aguinaldos, premios y propinas. Y además la indemnización no podrá ser superior a tres veces el salario promedio mensual. Con esto se intenta abaratar los despidos.
  • En relación a los salarios, la reforma laboral introduce el “salario dinámico”, y este podrá pautarse en convenios colectivos, al mismo tiempo que condiciona la remuneración de acuerdo a la productividad o el mérito individual. Los salarios asimismo deberán abonarse a través de entidades bancarias (no podrán cobrarse a través de billeteras virtuales).
  • Las vacaciones seguirán siendo obligatorias pero la fecha podrá oscilar entre 1 de octubre y el 30 de abril, y se pueden acortar y coordinarse de hasta siete días por tramo. Este capítulo se volvió controvertido al ser debatido en el Congreso y ante la opinión pública y los medios, ya que esta nueva normativa implica que muchos empleados puedan tener sus vacaciones en momentos donde sus familiares (por ejemplos hijos en edad escolar o universitaria) no puedan compartir estos momentos de esparcimientos y/o viajes.
  • Con la nueva ley se restringe el derecho de huelga, ya que se deberá garantizar el 75% de la dotación de personal en los servicios esenciales (la salud, distribución de agua potable, las telecomunicaciones, la aeronáutica comercial, el tráfico portuario, etc.)
  • El artículo relacionado a enfermedades y accidentes de trabajo, el artículo 44, fue el más controvertido y por tal motivo fue finalmente eliminado de la reforma que proponía el gobierno. Con la eliminación de dicho artículo, aquellos trabajadores que se ausenten de sus puestos de trabajo por enfermedad o accidente seguirán percibiendo el 100% de su sueldo,bajo el esquema previsto en la Ley de Contrato de Trabajo, sin cambios en la duración ni en la forma de pago

¿Pero qué proponía el gobierno en ese artículo 44?

Proponía alterar el esquema de pagos durante las ausencias que pudieran ocurrir frente a una enfermedad o accidente que no estuviesen vinculados a la actividad laboral. El artículo enunciaba que “en caso de sufrir un accidente o una enfermedad que no sea consecuencia de la prestación de tareas derivadas del contrato de trabajo que impida dicha prestación, el trabajador tendría derecho a percibir el 50% del salario durante 3 meses si no tenía personas a cargo, o durante 6 meses si sí las tenía”. Y además si la licencia se pedía por una enfermedad o accidente que no se relacionaba con “una conducta voluntaria y riesgosa”, el empleado debería cobrar el 75% del salario en los mismos plazos.

¿Qué protestas y quejas fueron las más efervescentes para oponerse al articulo 44?

 Varios dirigentes políticos protestaron por el espíritu inhumano de este artículo, gran parte de la sociedad civil hizo escuchar su rechazo, pero quienes tal vez hicieron la diferencia y llevaron a que el gobierno desestime este artículo que pretendía castigar a personas que se enferman o se accidentan pagándoles un 50 o un 75% del salario, fueron cantidad de periodistas, incluso periodistas que suelen ser harto obsecuentes con el gobierno.

Así, por esos días no existió la grieta periodística porque el contenido de este artículo podía afectar directamente a ellos mismos. Pudimos observar a un periodismo cohesionado y al unísono protestar, porque cualquiera de ellos podría sufrir un accidente haciendo deporte o realizando cualquier tipo de actividad extra laboral, cualquiera puede necesitar someterse a una operación, cualquiera puede requerir de un tratamiento de mediano y largo plazo frente a cualquier enfermedad crónica o aguda.

La presión mediática fue tal, que el gobierno no tardó en torcer la muñeca y perder esta pulseada eliminando dicho artículo, para poder seguir adelante con la ley de modernización o precarización laboral con el resto del articulado.

 ¿Y qué indigna a mucha gente?

 Indigna esta postura insensible e inclemente, de un gobierno que demuestra una y otra vez una falta total de empatía, que al momento de incluir ese artículo demostró no importarle si una persona está atravesando una enfermedad oncológica o una patología cerebro/cardio vascular o si debe someterse a una cirugía riesgosa o si sufrió un accidente de cualquier índole. Indigna que si cualquier trabajador padece de alguna de estas situaciones de desconsuelo, deba además ser castigado percibiendo un menor salario. Y el periodismo, con alta frecuencia un cuarto poder muy poderoso, esto lo interpretó a la perfección; parece que hacer empatía con algo que puede pasarte en cualquier momento es bastante sencillo.

¿Y dónde está la empatía del periodismo frente a causas que no lo afecta, en principio, de modo directo?

¿Qué pasaría si la mayoría de los periodistas pusiesen el mismo énfasis en destacar que la ley de emergencia en discapacidad no se ejecuta, y que como el gobierno no cumple con una ley sancionada por el Congreso de la Nación, cantidad de personas con discapacidad no pueden contar ni siquiera con los servicios mínimos con los cuales contaron siempre; y así cantidad de niños y adolescentes no pueden acudir a hogares o escuelas, el transporte para poder trasladar a personas con discapacidad prácticamente no está funcionando, la mayoría de las personas con discapacidad no reciben los medicamentos que son necesarios para vivir. Familias enteras no pueden continuar con sus trabajos porque deben cuidar a las personas con discapacidad que el gobierno decidió abandonar, eligiendo no cumplir la ley que ordena financiar a la discapacidad como corresponde. Y el porcentaje del PBI que representa esta financiación es mínimo. Y mientras pasa esto, hay una causa que investiga operaciones espurias por parte del ex abogado y amigo personal del presidente Javier Milei, quien señaló también a la hermana del presidente y a otros dirigentes de LLA, como beneficiados con los sobreprecios que se realizaban desde dicha entidad.

¿Por qué la cobertura en los medios y redes no se satura poniendo de relieve que cantidad de personas con discapacidad y sus familiares no pueden soportar más este estado de situación? ¿No se puede acaso defender “con uñas y dientes” derechos, cuando se trata de derechos que no afectan efectivamente en primera persona?

Qué diferente sería la estatura del periodismo, si la compasión y la empatía se ejercieran frente a cualquier tema que esté lastimando, enfermando o matando ciudadanos. Pedirle esto a una dirigencia política que es artífice de la desprotección de los ciudadanos es una quimera, esperar de parte de la mayoría del periodismo esta labor de defensa de derechos humanos y del cumplimiento de la ley, parece que también.

Afortunadamente y con un rapto de humanismo, el artículo 44 de la reforma laboral se eliminó, para que los trabajadores en general y los periodistas en particular, sientan “cierto sosiego” de que si se enfermaran o accidentaran no deberán además sufrir adicionales penurias económicas que compliquen más aun un escenario poco feliz. Mientras tanto, cantidad de personas que aquí y ahora y hace años y décadas sufren de todo tipo de discapacidad, no recibe los recursos que corresponde que el Estado brinde por ley.

El periodismo en general, transmite periféricamente, sin ninguna intención manifiesta de interpelar al poder político, como lo hizo con el polémico artículo 44, que pretendía castigar a las personas que pudieran enfermarse o accidentarse. Y lo cierto es que aquellos que ya se encuentran enfermos o accidentados parece que deben luchar en soledad y embromarse.