La empresa Brear fue beneficiaria del programa Voucher de Innovación de la Agencia Córdoba Innovar y Emprender en 2025 y, junto al INTI, avanzó en pruebas piloto para transformar la resina del árbol de brea en un ingrediente funcional para la industria alimentaria. El proceso permitió ordenar el desarrollo, validar aplicaciones concretas y fortalecer una red de vínculos clave para su escalamiento.

Brear es un proyecto que trabaja con un recurso nativo del país: la resina del árbol de brea. La iniciativa fue impulsada inicialmente por Leonidas Gastón Cordi, quien comenzó a investigar el potencial productivo de esta especie en Recreo, Catamarca, a partir de una problemática estructural de las zonas rurales: la falta de alternativas laborales y la degradación progresiva del bosque nativo asociada a la producción de leña y carbón.

Cordi identificó que, tras el desmonte, el árbol de brea era una de las primeras especies en regenerarse y comenzó a estudiar sus propiedades y posibilidades de aprovechamiento sin afectar el ecosistema. Más tarde se sumó al proyecto Alison Acosta, emprendedora oriunda de Balnearia, en el norte de la provincia de Córdoba, quien aportó una estrategia de desarrollo y vinculación para llevar la iniciativa a una nueva etapa.

“El proyecto nace al observar que el único ingreso de muchas familias rurales provenía de actividades que degradaban el monte. La brea es una especie nativa, resiliente, que vuelve a crecer, y entendimos que ahí había una oportunidad para producir sin destruir”, explicó Acosta.

Durante más de una década, el equipo investigó las propiedades de la resina y desarrolló una técnica de extracción que evita dañar la planta, permitiendo organizar un esquema de acopio con participación de pobladores rurales. El principal desafío apareció al intentar avanzar hacia la industrialización. “Teníamos toneladas de resina y no sabíamos cómo transformarlas en un producto usable por la industria. No existían antecedentes ni equipamiento específico en el país”, señaló.

En ese recorrido, Brear recibió distintos reconocimientos a nivel nacional que confirmaron el potencial de la propuesta. El proyecto fue premiado en concursos de innovación y emprendimiento de alcance federal, entre ellos certámenes con más de mil iniciativas participantes, lo que permitió visibilizar el desarrollo y sostener el trabajo en etapas donde los recursos eran limitados. “Los premios nos decían que el proyecto tenía sentido, pero el desafío seguía siendo hacerlo realidad”, resumió Acosta.

El Voucher de Innovación como punto de inflexión

La participación en el Voucher de Innovación Colaborativa de la Agencia Córdoba Innovar y Emprender marcó un cambio decisivo en el recorrido de Brear. El programa brinda acompañamiento financiero para la implementación de proyectos de innovación abierta y financia pruebas de concepto orientadas a resolver desafíos de productividad y competitividad, con foco en innovaciones de producto, proceso o modelo de negocios.

“El voucher fue mucho más que un apoyo económico. Nos obligó a ordenarnos, a bajar hipótesis y a decidir en qué aplicaciones tenía sentido avanzar primero”, sostuvo Acosta. Ese orden se tradujo en la definición de nichos concretos, el diseño de ensayos y la generación de información técnica indispensable para dialogar con la industria.

El proceso también impactó en la gestión interna del emprendimiento. La necesidad de cumplir hitos y rendir fondos impulsó a Brear a sistematizar su estructura administrativa y a dimensionar con mayor precisión el esfuerzo económico realizado. “Ordenarnos fue clave para poder pensar en serio el escalamiento”, explicó la socia del proyecto.

INTI, validación técnica y construcción de redes

El aliado estratégico del proyecto fue el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), principal referente en Argentina en desarrollo y validación de procesos industriales y alimentarios. La articulación se dio con la Subgerencia Operativa de Tecnología de Alimentos, especializada en la obtención, caracterización y aplicación de ingredientes funcionales de origen vegetal.

De parte del INTI, el trabajo estuvo a cargo del equipo técnico liderado por la Dra. Mariana Marta Sánchez, Directora Técnica, con amplia experiencia en desarrollo de ingredientes para la industria alimentaria, formulaciones funcionales y microencapsulación. Su rol fue coordinar las tres etapas del proyecto: optimización en laboratorio, escalado piloto y validación funcional.

El INTI aportó infraestructura específica —laboratorios, planta piloto con spray dryer y equipamiento de análisis fisicoquímico— además de personal especializado en ingeniería de procesos, desarrollo de ingredientes y análisis de calidad, asegurando el cumplimiento de estándares técnicos y alimentarios.

“El gran diferencial fue poder hacer prueba y error en escala laboratorio. Si íbamos directo a industria, cada ensayo implicaba arriesgar cientos de kilos de materia prima”, explicó Acosta. Ese trabajo permitió definir parámetros precisos de filtrado, secado y acondicionamiento, y derivó en la elaboración de un manual técnico de industrialización.

Además de los resultados técnicos, el proyecto fortaleció una red de vínculos estratégicos. “El voucher nos empujó a salir, a vincularnos y a generar conversaciones que de otro modo no se hubieran dado. Entendimos que innovar no es un camino en soledad”, señaló Acosta. En ese proceso, Brear consolidó relaciones con equipos técnicos, plantas productivas, áreas de innovación y nuevos aliados, que hoy acompañan el desarrollo con distintas capacidades.

Durante las pruebas, el equipo también revisó supuestos iniciales sobre el posicionamiento del producto. “Tuvimos que cambiar la mirada. Dejamos de pensarnos como sustituto de un producto importado y empezamos a trabajar sobre lo que realmente somos: un ingrediente innovador, de origen vegetal, con alto contenido de fibra y sin sabor residual”, detalló.

Con las bases técnicas consolidadas, una red de apoyos fortalecida y un modelo de negocio más claro, Brear avanza ahora en una etapa de escalamiento. El objetivo es desarrollar una nueva matriz productiva con impacto territorial y ambiental, que genere empleo y promueva el cuidado del bosque nativo. “Si las comunidades pueden vivir de este recurso, van a ser las primeras en protegerlo. Ese es el impacto que buscamos”, concluyó Acosta.