Cada 4 de octubre la Iglesia universal celebra la fiesta de San Francisco de Asís, uno de los santos más populares y queridos de la cristiandad. Nacido en Italia en 1182, es recordado por abrazar la pobreza absoluta, fundar la Orden de los Frailes Menores (Franciscanos) y manifestar un profundo amor por la creación y los animales.

Criado en una familia acomodada y educado bajo expectativas de éxito y ambición mercantil, su vida cambió drásticamente tras ser hecho prisionero en la guerra contra Perugia y experimentar una profunda transformación espiritual en la oración y la naturaleza.
En 1206, la cruz de la iglesia de San Damián le habló espiritualmente pidiéndole que reparara su Iglesia, lo que dio inicio definitivo a su vida consagrada.
Primero entendió que debía ocuparse del templo material, pero luego comprendió que debía restaurar la iglesia.
Hacia el final de su vida, recibió en su propio cuerpo las llagas de la Pasión de Cristo en el Monte Alvernia, convirtiéndose en el primer santo documentado con este don.

Episodios claves

* Logró entrevistarse pacíficamente con el Sultán Al-Kamil, un hito histórico de diálogo y paz.
* El primer Nacimiento viviente (1223): En la localidad de Greccio, Francisco organizó la primera representación del pesebre de Navidad con animales reales y una cuna, dando origen a la tradición universal de los nacimientos o belenes.
* La impresión de los Estigmas (1224): Durante un profundo retiro espiritual de ayuno y oración en el Monte Alvernia, Francisco recibió en su propio cuerpo las llagas de la crucifixión de Jesús, convirtiéndose en el primer santo registrado con estos signos divinos.
* El Tránsito a la eternidad (1226): Enfermo, ciego y debilitado, compuso el famoso Cántico de las Criaturas. Falleció la noche del 3 de octubre de 1226 recostado desnudo sobre la tierra por voluntad propia, en perfecta fidelidad a su amada «Dama Pobreza». Fue canonizado apenas dos años después.

Fue y es un santo ejemplar, al cual todos los católicos decimos amar y admirar profundamente, pero a quien tan poco hacemos para imitar su forma de vivir, su día a día en armonía con toda la creación, partiendo por las plantas, los animales, hasta acabar en los hombres.
Realmente una tarea sencilla pero que requiere de un cambio de corazón.
Es fácil admirar una flor, asombrarse de su belleza, y quizá hasta es loable actuar con amor con los animales….. lo vemos a diario en las redes. Todos se muestran conmovidos.
Pero cuando llegamos al centro de la creacion: el hombre, cuesta ver en él la belleza máxima de la obra de Dios.
Qué contradicción… no nos nace mirarle a los ojos, cruzar unas palabras….

Hoy (por ayer sábado) me crucé con un pobre miserable: hurgaba en el contenedor del edificio de Lavalle al 600. Nunca lo había visto aunque quizá seguramente él pasaba todos los mediodías buscando comida entre la basura.
Yo me dirigía a mi departamento luego de comprar algo para hacer el almuerzo y casi automáticamente busqué en la bolsa algo para darle (darle, no compartirle lo que llevaba y que a él también le pertenecía).
Rápidamente le dí un paquete de galletitas, de esas que vienen de a tres.

Se asombró de mi gesto. Él me dijo que no me preocupara, que siempre algo encontraba.
Ante mi insistencia las recibió. Me miró a los ojos un instante que me duró una eternidad. Me agradeció y me bendijo por el alimento.
Seguí hacia la puerta. No lo hice con orgullo. Se me caía la cara por la vergüenza de la forma en que actué.

¡Qué lejos estoy de practicar el Evangelio.!