El Niño, del cual nos acordaremos durante muchos años por la buena y mala prensa que concita, intensifica las lluvias y pone a prueba la campaña 2026/27.
Para algunos meteorólogos será un Niño más, que intensificará las lluvias pero que no se transformará en una catástrofe como alguno señalan, marcando hasta paralelismos con el libro del Apocalipsis. Ahora muchos dicen que ni será para tanto y que hay y habrá tormentas fuertes como fue común hace cincuenta años.
La soja y el La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informó el 8 de octubre de 2026 que El Niño continúa fortaleciéndose, en momentos en que la Argentina avanza con la siembra de la campaña gruesa 2026/27.
La actualización cobra relevancia porque el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) anticipa precipitaciones superiores a lo normal en regiones agrícolas estratégicas. El fenómeno podría favorecer los rendimientos de soja y maíz, pero también aumentar el riesgo de inundaciones, retrasos en las labores y complicaciones logísticas.
Lo que todos anhelan es que llueva lo suficiente para el desarrollo total de los cultivos, pero no que sea en demasía pues puede acarrear problemas de inundaciones, roturas de caminos, plagas (la chicharrita, especialmente) y todo lo que ya más o menos conocemos que traen de malo las lluvias en exceso.
Para los productores argentinos, el dato resulta determinante porque coincide con el período de implantación y desarrollo de los principales cultivos estivales. Sin embargo, la intensidad de El Niño no garantiza lluvias uniformes ni mejores rindes en todas las regiones.
El pronóstico trimestral del SMN para octubre-diciembre de 2026 anticipa mayor probabilidad de precipitaciones superiores a lo normal en el Litoral, con una señal que también alcanza sectores de Santa Fe, Córdoba, Cuyo, La Pampa y Buenos Aires.
En parte de la región central se esperan temperaturas normales o inferiores a las habituales. Esta combinación podría mejorar las reservas de humedad para los cultivos de verano, pero también retrasar la implantación, dificultar la emergencia y reducir las ventanas disponibles para trabajar. Los lotes bajos y con drenaje deficiente aparecen entre los más expuestos.
La situación del río Uruguay constituye otra señal de preocupación. Según informó la meteoróloga Cindy Fernández en Meteored el 10 de octubre, el río superó los 11 metros en Concordia el jueves 8, lo que obligó a restringir el tránsito en sectores de la costanera.
La Comisión Técnica Mixta de Salto Grande también había advertido sobre la posibilidad de crecidas durante el desarrollo de El Niño. Aunque una crecida fluvial no permite anticipar por sí sola pérdidas agrícolas, el seguimiento hidrológico resulta fundamental para las localidades ribereñas y su infraestructura.
Para la producción agrícola, la distribución de las precipitaciones será tan importante como el volumen acumulado. El SMN utiliza categorías probabilísticas para elaborar sus perspectivas estacionales, por lo que una tendencia de lluvias superiores a lo normal no significa que todos los días serán lluviosos.
Pueden registrarse períodos secos y tormentas intensas dentro de un mismo trimestre. Por eso, los productores deberán combinar los pronósticos estacionales con las perspectivas semanales, las reservas de humedad de los suelos y las condiciones particulares de cada establecimiento.
Las primeras estimaciones agrícolas muestran el potencial de la campaña. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires proyecta 66 millones de toneladas de maíz sobre 8,4 millones de hectáreas y 53,6 millones de toneladas de soja sobre 17 millones de hectáreas.
Por su parte, la Bolsa de Comercio de Rosario contempla una producción maicera de 67,5 millones de toneladas, con posibilidades de alcanzar 70,5 millones bajo condiciones climáticas favorables. Las diferencias responden a metodologías y supuestos propios de cada entidad. Se trata de proyecciones, no de volúmenes asegurados.
La perspectiva climática también influye sobre las decisiones comerciales y agronómicas. En zonas del núcleo agrícola, una buena reserva de humedad puede favorecer la elección del maíz temprano, mientras que los excesos de agua pueden obligar a modificar fechas de siembra o estrategias de manejo. La soja ofrece mayor flexibilidad en determinadas situaciones, aunque tampoco está exenta de pérdidas por anegamiento. A estos factores se suman los costos de implantación, fertilización, sanidad y transporte, que condicionan los márgenes de cada cultivo.
La rentabilidad dependerá además de la evolución de los precios internacionales, las retenciones y el costo logístico. Una mayor cosecha no garantiza automáticamente mejores ingresos para el productor, especialmente si una oferta abundante presiona las cotizaciones.
En este escenario, la competencia con Brasil y Paraguay adquiere relevancia: las condiciones climáticas que afecten sus cosechas también pueden modificar los flujos comerciales de soja y maíz. Para la Argentina, el desafío será aprovechar el potencial productivo sin perder competitividad frente a sus principales socios y competidores regionales.
El escenario exige prestar atención a los caminos rurales, la capacidad de almacenamiento y el acceso a los puertos. Los excesos hídricos pueden elevar los costos de cosecha y flete, incluso cuando los rendimientos resultan satisfactorios. También será importante seguir la presión de enfermedades asociadas con ambientes húmedos y la evolución de la chicharrita del maíz, que continúa siendo una variable de manejo sanitario.
La agricultura de precisión, el monitoreo de lotes y la planificación de labores pueden ayudar a reducir riesgos, aunque no eliminan la incertidumbre climática.
La campaña gruesa 2026/27 se encamina hacia un escenario de alto potencial productivo, pero con riesgos que deberán administrarse durante varios meses. La perspectiva climática apunta a la persistencia de El Niño hasta comienzos de 2027, mientras el SMN advierte sobre una mayor probabilidad de lluvias en regiones clave.
Para el agro argentino, la oportunidad no estará solamente en producir más toneladas: la verdadera diferencia será convertir las condiciones climáticas favorables en rindes, rentabilidad y competitividad exportadora.
La situación es todo un desafío que emprenderán los productores de la región donde la cosecha gruesa es fundamental.
Otra historia serán los inconvenientes para retirar lo que se produce, y los precios que marcarán las empresas líderes del acopio de cereales situadas con su parte operativa en el puerto de Rosario.
Y finalmente habrá que esperar todo lo relativo a las retenciones, precio del dólar, mercados internacionales y cuanta variante (guerra mediante) pueda intervenir para el precio final que se obtendrá.





