Especialistas del INTA advierten que este problema puede pasar inadvertido en los análisis tradicionales y destacan la necesidad de complementar las mediciones fĂsicas con herramientas de diagnĂłstico visual. El perfil cultural surge como una metodologĂa clave para identificar restricciones al crecimiento radicular y al movimiento del agua.
La salud fĂsica del suelo se transformĂł en uno de los pilares de la agricultura moderna. En sistemas donde la siembra directa se consolidĂł como práctica predominante, especialistas del INTA advierten que la detecciĂłn temprana de problemas estructurales resulta fundamental para sostener la productividad y la resiliencia de los sistemas. En ese contexto, la estructura laminar aparece como una de las limitantes más relevantes y, al mismo tiempo, más difĂciles de identificar mediante los indicadores tradicionales.
SegĂşn explicĂł Carolina Sasal, especialista en recursos naturales y gestiĂłn ambiental del INTA, la evaluaciĂłn del estado fĂsico del suelo no puede apoyarse en un Ăşnico parámetro. “La combinaciĂłn de mediciones cuantitativas con herramientas visuales e integradoras resulta la estrategia más completa para diagnosticar limitantes al crecimiento radicular y al movimiento de agua y aire, orientando con mayor precisiĂłn las decisiones de manejo”, afirmĂł.
Entre los indicadores fĂsicos más utilizados se encuentran la densidad aparente, la resistencia mecánica a la penetraciĂłn, la estabilidad de agregados, la retenciĂłn hĂdrica y la tasa de infiltraciĂłn. Sin embargo, cada uno presenta limitaciones relacionadas con la escala de análisis, el momento de mediciĂłn y la interpretaciĂłn de los resultados.
Por esta razĂłn, la especialista insiste en la necesidad de avanzar hacia diagnĂłsticos integrales que permitan comprender cĂłmo funciona el suelo en su conjunto y detectar problemas que muchas veces permanecen ocultos.
Uno de los principales desafĂos identificados en sistemas bajo siembra directa es la apariciĂłn de estructura laminar en los primeros centĂmetros del perfil, generalmente entre los 2 y 12 centĂmetros de profundidad.
“Uno de los principales desafĂos en sistemas bajo siembra directa es la apariciĂłn de estructura laminar, especialmente en el estrato superficial. Este tipo de arreglo constituye una limitante crĂtica, ya que afecta la porosidad funcional, la infiltraciĂłn y el crecimiento radicular”, señalĂł Sasal.
La particularidad de este fenĂłmeno es que no siempre queda reflejado en los indicadores fĂsicos convencionales. De hecho, puede estar presente aun cuando los valores de densidad aparente no evidencien problemas significativos.
“Un aspecto clave es que este tipo de estructura no siempre se asocia a valores elevados de densidad aparente, por lo que puede pasar desapercibida en indicadores tradicionales, aunque tenga fuerte impacto funcional”, advirtió la investigadora.
Diversos estudios muestran que la formación de estas láminas no responde directamente a la siembra directa, sino a la interacción entre el manejo del sistema, la historia de uso del lote, los procesos de compactación y los ciclos de humedecimiento y secado del suelo. Incluso puede desarrollarse en sectores donde no existen huellas visibles de tránsito de maquinaria.
Los resultados de un ensayo de campo de cinco años reflejaron la magnitud del problema: la proporciĂłn de estructura laminar en el horizonte superficial pasĂł de no estar presente al inicio del estudio a ocupar cerca del 50 % de la superficie del perfil. A su vez, trabajos de laboratorio demostraron que los ciclos de humedad y sequĂa favorecen el crecimiento de estas estructuras, especialmente en suelos previamente compactados.
La identificaciĂłn temprana es fundamental para evitar pĂ©rdidas de funcionalidad del suelo. Entre los principales indicadores visuales de estructura laminar se encuentran la presencia de capas horizontales de agregados planos, raĂces que crecen lateralmente en lugar de profundizar, fracturas paralelas a la superficie y la interrupciĂłn de macroporos continuos.
Las consecuencias pueden ser importantes. De acuerdo con Sasal, esta alteraciĂłn puede provocar reducciones de entre 50 % y 70 % en la tasa de infiltraciĂłn del agua, incrementar el escurrimiento superficial y el riesgo de erosiĂłn hĂdrica, restringir el crecimiento radicular y reducir la aireaciĂłn, favoreciendo episodios de anoxia transitoria.





