El papa León XIV en su histórica visita a Francia concurrió el viernes último a Lourdes, donde ante la imagen de la Virgen le entregó al pueblo de Francia, al tiempo que pidió la paz y la fraternidad para todos los habitantes de ese país. La famosa gruta donde la Virgen se le apareció a Bernardette fue así visitada nuevamente por un Papa, lo cual no ocurría hace muchos años.
El Papa llegó este 26 de septiembre a Lourdes, donde inició su peregrinación al santuario mariano con un momento de oración ante la Gruta de Massabielle. Ante la imagen de la Virgen, el pontífice encomendó especialmente a Francia y pidió para su pueblo «el don de la concordia fraternal», además de invocar la protección de María sobre los enfermos, quienes sufren y las familias cristianas.
Tras arribar al aeropuerto de Tarbes-Lourdes, el Papa fue recibido por autoridades civiles y eclesiales y se dirigió hacia el santuario, donde miles de fieles aguardaban su llegada. En la gruta, León XIV se arrodilló en silencio ante el lugar en el que santa Bernadette Soubirous afirmó haber visto a la Virgen en 1858. También tocó la roca y bebió agua de la fuente, en referencia al pedido que María hizo a Bernadette: «Ve a beber a la fuente y lávate allí».
En la oración dirigida a Nuestra Señora de Lourdes, el Papa pidió a María que intercediera por Francia y por sus habitantes. «Intercede por su pueblo para que reciba ‘el don de la concordia fraternal'», rezó, y deseó que el país pueda construir «una sociedad armoniosa, desterrando toda violencia y todo odio». También encomendó las necesidades de quienes buscan trabajo, forman una familia y atraviesan distintas situaciones de sufrimiento.
León XIV dedicó además una petición particular a quienes ejercen responsabilidades públicas. Suplicó a la Virgen que concediera a Francia «líderes sabios y generosos, dispuestos al sacrificio, capaces de afrontar los retos y deseosos de servir al bien común».
En continuidad con sus intervenciones durante su visita al país, el obispo de Roma vinculó el servicio de las autoridades con la construcción de una sociedad orientada a la paz y a la defensa de la dignidad humana.
El pontífice pidió que Francia pueda contribuir a la paz entre las naciones y que sus autoridades hagan oír su voz en favor de los derechos humanos fundamentales. En este sentido, rogó a María que ayude a «rechazar para siempre la lógica de la guerra» y que acompañe al pueblo francés en su compromiso por la paz.
Todo había comenzado un par de horas antes, cuando tras llegar a la ciudad mariana, el Sumo Pontífice se dirigió al corazón del santuario para rezar a la Virgen en la gruta de Massabielle, rodeado de miles de fieles. Recogido ante ella, León XIV pidió, entre otras cosas, «el don de la concordia fraternal» para el país anfitrión y le confió también las oraciones personales de los enfermos y los que sufren.
Cuando el avión de Air France en el que viajaba el Papa, procedente de París, aterrizó a las 19:00 en punto en el aeropuerto de Tarbes-Lourdes, las campanas de la ciudad de los Pirineos comenzaron a repicar a todo volumen.
Al entrar en la ciudad de Lourdes, la multitud se hizo más densa junto a las vallas de seguridad. Poco antes de llegar al santuario, el Papa bajó del vehículo para saludar al alcalde de la ciudad, Thierry Lavit. Desde un puente sobre el Gave, rebautizado para la ocasión como «Puente León XIV», el Sumo Pontífice inauguró una estatua y firmó el libro de honor mientras un coro entonaba cantos pirenaicos, con una dulzura singular.
Acto seguido, el Papa completó su peregrinación hacia el santuario en la papamóvil, donde el clamor de la multitud se transformó en júbilo, al son de los «Ave María» entonados por los miles de fieles presentes. El ruido dio paso entonces a un silencio intenso mientras León XIV se arrodillaba a los pies de la gruta, allí donde Bernadette Soubirous vio por primera vez a una «dama de blanco» en 1858.
Siempre acompañado por el obispo de Lourdes, el Santo Padre tocó a continuación la pared de la gruta y bebió un vaso de agua del manantial, respondiendo así a la llamada de la Virgen a Bernadette: «Ve a beber a la fuente y lávate allí». Al igual que millones de fieles, León XIV se convirtió, desde sus primeros momentos en Lourdes, en un «peregrino entre los peregrinos». A continuación, el Papa leyó una oración a la Virgen, meditando cada palabra.
«Oh, Nuestra Señora de Lourdes, la Inmaculada Concepción, en este lugar bendito donde hablaste con tanta dulzura y ternura a santa Bernadette, humilde hija de Francia, para entregar al mundo un luminoso mensaje de oración, conversión y esperanza, acudimos a ti con confianza», dijo, rezando a Nuestra Señora «por Francia».
«Intercede por su pueblo para que reciba “el don de la concordia fraternal”. Que construya una sociedad armoniosa, desterrando toda violencia y todo odio, permitiendo a cada uno trabajar, formar una familia y vivir plenamente su vida hasta el final con tranquilidad y serenidad. Que los más desdichados y los más pobres cuenten siempre con apoyo. Consigue para Francia líderes sabios y generosos, dispuestos al sacrificio, capaces de afrontar los retos y deseosos de servir al bien común».
En una súplica con aires de oración universal, el Papa pidió que la Virgen protegiera al pueblo de su país anfitrión e iluminara a sus dirigentes, rogando a María que obtuviera «dirigentes sabios y generosos, dispuestos al sacrificio personal, capaces de afrontar los retos y deseosos de servir al bien común». Palabras que siguen la línea de los discursos que pronunció en París.
León XIV también expresó su deseo de que la Virgen ilumine a las autoridades y dirigentes franceses para que «la mantengan en paz en el concierto de las naciones. Que hagan oír su voz para promover la defensa de los derechos humanos fundamentales, así como la paz en el mundo, rechazando para siempre la lógica de la guerra». El Papa pidió asimismo que las oraciones que se elevan ante la gruta puedan renovar «la fe y el fervor de las familias cristianas».
En su oración, el Sumo Pontífice se hizo eco también de las oraciones de todo el mundo que acude a arrodillarse en Lourdes, en particular «las de las personas enfermas y que sufren, así como las de todos aquellos que las acompañan, que han venido a buscar fuerza y sanación».
Este primer momento solemne en el santuario de Lourdes concluyó con un gesto de devoción reservado a los sumos pontífices: la entrega de una rosa de oro como ofrenda a la Virgen María. Este domingo, León XIV continuará su peregrinación al santuario de Lourdes, donde celebrará, entre otras cosas, la misa y participará en la procesión con antorchas.





