Por Sandra Choroszczucha – Politóloga y profesora de la UBA
En gran medida la Argentina polarizada, enemistada, partida, produce discriminación y a su vez la discriminación produce que la grieta se profundice. La discriminación suele denotar intolerancia y falta de empatía. Y cuando hay intolerancia y falta de empatía atacar “al diferente” se vuelve algo natural. Y “el diferente” puede serlo en muchos planos.
En sociedades más tolerantes e inclusivas no suelen encontrarse rechazos miserables por el color de piel, nacionalidad, religión, por su preferencia sexual, por sus características físicas, porque alguien adolece de recursos culturales o económicos, porque nació en un hogar pobre, etc.
En muchas latitudes, la discriminación es un flagelo mucho más palmario que en Argentina. No somos un país que se destaque en materia de discriminación, pero podemos observar hace algunos años que la xenofobia crece junto con la Argentina polarizada. Las diferencias se respetan poco o no se respetan, los disensos se tornan en conflictos irreconciliables y el enfrentamiento escala.
Desde las altas esferas de nuestra sociedad política pudimos constatar la falta de tolerancia y la agresión cargada de xenofóbica. Nuestro presidente cuando era diputado, Javier Milei, en uno de sus discursos ha llamado “mogólico” de modo despectivo a un economista que piensa diferente a él, así, ha manifestado “pedazo de mogólico, imbécil, tarado” al economista Roberto Cachanosky. Este es un término que solía utilizarse para insultar haciendo referencia a la presunta falta de inteligencia de una persona con síndrome de Down. Milei también ha manifestado el término “minusválido” como insulto en otros de sus arrebatos en sus disertaciones en referencia a personas que no piensan u opinan como él. Se ha enfrentado una y otra vez contra la discapacidad, pero no solo políticamente no destinando los recursos que por ley debe asignar, sino en un plano más personal, por ejemplo, ninguneando a través de las redes sociales a un chico con autismo porque su familia que protesta por la falta de servicios en discapacidad es kirchnerista.
Javier Milei en una entrevista con Viviana Canosa, y luego en otra entrevista en redes sociales realizada a él y a la actual diputada Lilia Lemoine, vociferó “incluso somos superiores estéticamente” en alusión a las personas ideológicamente de derecha.
Por eso Milei viola la ley antidiscriminación. Viola la ley antidiscriminación también cuando en el año 2025 en la cumbre de Davos, en medio de una objeción que tiene derecho a realizar sobre la transformación sexual en menores de edad, decide sin ningún prurito homologar homosexualidad con pedofilia. Y así en su disertación nos contaba sobre cómo una pareja gay en Estados Unidos había adoptado a dos niños y había abusado de ellos. De tal manera en un juego dialéctico el presidente vinculó las versiones más radicales de la ideología de género con el abuso infantil. Argentina hoy cuenta con una ley de Identidad de Género y una ley de Matrimonio igualitario. Pero por el momento se cumple poco o nada.
Del otro lado del espectro ideológico político, tenemos a Vanina Biassi, diputada nacional del Frente de Izquierda y de Trabajadores (FIT) denunciada por haber manifestado comentarios antisemitas. Biasi incitó a la discriminación en la red social X donde comparó al Estado de Israel con el régimen nazi y en total se identificaron ocho mensajes antisemitas publicados en la red social mencionada. Se la procesó por haber violado la ley antidiscriminatoria 23.592 que en su artículo 3ro establece penas que van de un mes a tres años de prisión para quienes inciten a realizar discursos discriminatorios entre otras conductas también penadas. El juez Rafecas entendió que las críticas a las políticas israelíes podrían ser aceptadas debido a la libertad de expresión, pero no puede ser aceptada la negación del derecho a existir de Israel o la difamación colectiva que la diputada no cesó de realizar en redes e incluso en el recinto en Diputados.
Discriminar está mal, lo haga la izquierda o la derecha está mal y es un delito.
De las leyes que generan lindos hábitos
Si la ley antidiscriminación se ejecuta como es debido, esto mismo puede llevar a que un principio por imposición decante en un conjunto de conductas y costumbres proclives a la tolerancia y la inclusión.
Frecuentemente se afirma que el cambio debe provenir desde los hábitos y las costumbres para que luego se proponga y se promulgue una ley.
Pero hay numerosos ejemplos que demuestran que, a través de imposiciones en leyes escritas, se producen cambios de hábitos y costumbres, cambios culturales. Por ejemplo, en Argentina se prohibió por ley fumar en lugares públicos cerrados y espacios comunes, así, de acuerdo a las leyes 26.687 (nacional) y 1799 (de la ciudad porteña) no se puede fumar en bares, restaurantes, medios de transportes, centros comerciales, centros de enseñanza, espacios culturales y cualquier otro lugar cerrado. También según la ley nacional de tránsito número 24.449 se establece la obligatoriedad del cinturón de seguridad para todos los ocupantes de un vehículo. También rige una ley donde el alcohol en sangre al conducir es penalizado, según el distrito de la Argentina se impone alcohol cero al volante o no superar 0,5 gr/l en sangre en vehículos particulares y 0,2 gr/l en moto vehículos.
¿Estas leyes impulsaron cambios culturales destinados a no acontecer en lo nocivo? Sí. Si uno pregunta a niños pequeños si está prohibido fumar, muchos tal vez ni sepan que es fumar porque si no usan redes sociales y su familia conviviente no fuma, ni saben qué es un cigarrillo. Cuando estos niños crecen ya aprenden que fumar está prohibido en lugares de uso público. Por tal motivo, si vemos a una persona entrando a un restaurante, a un colegio, a un centro cultural, etc., fumando, primero, nos sorprenderá, segundo, podemos denunciarla. Pero “el nos sorprenderá” indica que una ley pudo promover un cambio cultural.
El cinturón de seguridad también comenzó a ser utilizado en nuestras vidas cotidianas a partir de una ley que ordena su obligatoriedad. Y hoy a la mayoría nos escandaliza que un chiquito de 8 años se debata entre la vida y la muerte porque se accidentó en un choque automotor en la arena por no tener puesto un cinturón de seguridad en un UTV (Utility Task Vehicle, un vehículo todoterreno para circular en arena, barro y terrenos irregulares). Y también nos indignamos porque el hombre que manejaba la camioneta con la cual chocó la UTV dio 0,21 gr/l de alcohol en sangre y la mujer que manejaba el UTV en donde iba el nene sin cinturón de seguridad manejaba con 0,41 gr/l de alcohol en sangre. El hecho ocurrió en las cercanías de Pinamar, y en la Provincia de Buenos Aires rige la ley de alcohol cero.
Hace pocas décadas atrás, cuando el cinturón de seguridad no era de uso obligatorio, prácticamente no se usaba e incluso se observaba con bastante frecuencia a niños sentados en la falda del chofer emulando que manejaban con el auto en marcha y sin cinturón de seguridad. Hoy esto sería repudiado por la gran mayoría, y obviamente sería penalizado. Y “el hoy esto sería repudiado” denota que devenimos en un cambio de hábitos, cultural. Y así los niños desde pequeños saben que no pueden jugar a manejar con el auto en marcha, y que el cinturón de seguridad es obligatorio, y los adultos también asumieron esto como una regla para velar por la vida y evitar accidentes o incidentes fatales.
Concluyendo
La educación es esencial para construir nuestro sistema de valores. Pero no desestimemos el poder de las normas.
Las leyes, que sin duda son imposiciones, también pueden generar cambios en los hábitos y costumbres. Por eso y en relación a la discriminación, debería cumplirse con rigor la ley antidiscriminatoria. Si esto ocurre, probablemente nuestros niños y jóvenes crezcan aprendiendo que discriminar es un delito, y así, aunque algunas veces puedan sentirse tentados a discriminar (como hay gente que puede querer fumar en lugares públicos cerrados, o conducir sin cinturón de seguridad o conducir alcoholizada) no podrán hacerlo.
La discriminación destruyó y destruye sociedades. La ley puede y debe condenar la xenofobia y colaborar en la transformación y elevación de nuestro sistema de valores.





