Son numerosos los temas que cada semana va abordando el Papa León XIV, que se refieren a múltiples aspectos de la vida de la Iglesia Católica.
Esta última semana señaló en la audiencia general que un lenguaje “incomprensible” o “anacrónico” en la evangelización la vuelve ineficaz y por lo tanto deja de cumplir con el objetivo central que no es otro que dar a conocer a Dios en forma clara para acercar a más personas hacia Él.
El Papa León XIV advirtió este miércoles del uso que en muchas partes del mundo se hace de un lenguaje “incomprensible, poco comunicativo o anacrónico” en el anuncio del Evangelio y llamó a la Iglesia a encontrar “métodos creativos” que alcancen los corazones.
Muchos bautizados cuando se les consulta cómo vivió la misa, responden a sus más cercanos que “la prédica del cura fue aburrida”, o bien “no dijo nada que me pareciera novedoso”, hasta no falta quien se queje de que “casi me quedo dormido”…
Ir a lo concreto
Durante la Audiencia General, el Pontífice subrayó que, cuando el anuncio de la Palabra de Dios se desconecta de la vida concreta de las personas, de las “esperanzas y los sufrimientos de los hombres”, acaba por volverse “ineficaz”.
“En cada época la Iglesia está llamada a proponer de nuevo la Palabra de Dios con un lenguaje capaz de encarnarse en la historia y de alcanzar los corazones”, aseguró León XIV ante los peregrinos que se reunieron en el Aula Pablo VI para escuchar su catequesis.
Las palabras del Papa no dejan de ser un elemento casi central en la evangelización, ya que si el predicador no llega al corazón de quienes lo escuchan, su mensaje suena como dirigido a otra realidad, pierde el interés y la eficacia de hacer pensar desde el corazón a cada hombre para mover su voluntad a que se produzca un cambio.
En esta línea, citó a su predecesor, el Papa Francisco, quien afirmaba que “cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos y otras formas de expresión, con palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual”.
Un espacio privilegiado
El Santo Padre continuó este miércoles con el análisis de la Constitución surgida tras el Concilio Vaticano II Dei Verbum y destacó que la Sagrada Escritura es “un espacio privilegiado de encuentro en el que Dios sigue hablando a los hombres y mujeres de todos los tiempos para que, escuchándolo, puedan conocerlo y amarlo”.
En este sentido, aseguró que la Biblia revela la “condescendencia misericordiosa” de Dios hacia la humanidad y su “deseo de hacerse cercano”. “¡Dios no mortifica nunca al ser humano ni sus potencialidades!”, afirmó.
Las “lecturas fundamentalistas o espiritualistas” de la Biblia traicionan su significado, dijo el Papa, marcando así dos de los principales defectos de los sacerdotes o de quienes predican, que muchas veces apelan a sentimentalismos o a la mortificación, mostrando a su manera un Dios amoldado a cada uno y maleable para cada necesidad, haciendo de la culpa un sentimiento central en lugar de una expresión de un Dios tal como es.
Por ello, alertó contra las “lecturas fundamentalistas o espiritualistas” de la Biblia, que terminan traicionando su significado al descuidar dos dimensiones esenciales.
Por un lado, explicó, se cae en el error de defender la inspiración divina de la Sagrada Escritura hasta el punto de considerar a los autores humanos “solo como instrumentos pasivos del Espíritu Santo”.
Esta situación le quita el contexto y la impronta de cada escritor que la dejó plasmada en sus palabras que le fueron transmitidas por el Señor.
Pero, en el extremo opuesto, considera, también resulta “reductiva” una lectura que descuida su origen divino y termina entendiéndola “como una mera enseñanza humana, como algo que debe estudiarse únicamente desde un punto de vista técnico o como un simple texto del pasado”.
Acerca de los autores
En tiempos más recientes, recordó el Papa, la reflexión teológica ha revalorizado la contribución de los hagiógrafos en la redacción de los textos sagrados. De ahí que el Concilio Vaticano II, en Dei Verbum, hable de Dios como “autor” principal de la Sagrada Escritura, pero reconozca también a los hagiógrafos como “verdaderos autores” de los libros sagrados.
Por ello, añadió, si la Escritura es Palabra de Dios expresada en palabras humanas, “cualquier aproximación que descuide o niegue una de estas dos dimensiones resulta parcial”.
De ahí que una correcta interpretación de los textos sagrados no pueda prescindir del contexto histórico en el que surgieron ni de los géneros literarios empleados.
De modo particular, cuando se proclama en el contexto de la liturgia, la Escritura —señaló— “pretende hablar a los creyentes de hoy, tocar su vida presente, iluminar los pasos a seguir y las decisiones que han de asumir”.
La guía del Espíritu Santo
Esto solo es posible cuando el creyente “lee e interpreta los textos sagrados bajo la guía del mismo Espíritu que los inspiró”, manifestó.
El Evangelio no puede reducirse a “un mero mensaje filantrópico o social”, indicó el Santo Padre.
La Sagrada Escritura, añadió, alimenta la “vida” y la “caridad” de los fieles, como recuerda san Agustín: “Quien juzga haber entendido las divinas Escrituras y con esta inteligencia no edifica el doble amor de Dios y del prójimo, aún no las ha entendido”.
Finalmente, el Papa recordó que el origen divino de la Escritura implica que el Evangelio, confiado al testimonio de los bautizados y presente en todas las dimensiones de la vida y de la realidad, las trasciende. “El mensaje del Evangelio no se puede reducir a un mero mensaje filantrópico o social —concluyó—, sino que es el anuncio gozoso de la vida plena y eterna que Dios nos ha donado en Jesús”.





