El complejo agroexportador ingresó US$1289 millones en febrero, 30% menos que en enero y por debajo del promedio histórico. Paros y menor actividad impactaron fuerte.

La liquidación de divisas de la agroexportación se desplomó un 30% en febrero, cuando ingresaron US$1289 millones, según informó la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC); la cifra quedó por debajo del promedio de los últimos diez años -US$1500 millones- y refleja el impacto de paros gremiales y menor actividad exportadora, en un momento clave para la economía argentina.

De acuerdo con las entidades, que representan cerca del 48% de las exportaciones nacionales, el monto liquidado en febrero fue 30% inferior al de enero de 2026. En el acumulado del año, el ingreso de divisas asciende a US$3140 millones, lo que implica una caída del 26% frente al mismo período de 2025.

Generación de dólares

El dato no es menor en un país donde el complejo sojero y el resto de las cadenas granarias son el principal motor de generación de dólares. En un contexto atravesado por la discusión sobre retenciones (DEX), brecha cambiaria y necesidad de reservas, cada millón que no entra al mercado cambiario impacta en la macro.

Desde la entidad empresaria atribuyeron buena parte de la caída a los paros nacionales de la Federación Aceitera, que redujeron de manera significativa los días hábiles y afectaron las operaciones normales de exportación, así como el ingreso y egreso de mercadería en los puertos del Gran Rosario. Con menos jornadas operativas, el flujo comercial se vio limitado y eso se tradujo directamente en menor liquidación.

Pero no fue el único factor. Expertos del mercado granario señalaron que el número de febrero se ubica entre los más bajos de la última década, excluyendo años atípicos como 2020 y 2023.

Adelanto de liquidaciones

Uno de los elementos que todavía pesa es el adelantamiento de liquidaciones que se produjo meses atrás con esquemas como el dólar soja, que incentivaron ventas anticipadas y generaron un flujo extraordinario en el cierre de 2025. Ese anticipo ahora pasa factura.

A esto se sumó una menor exportación de subproductos de soja, particularmente harina, cuyo volumen quedó por debajo del potencial industrial argentino.

En paralelo, se registró una fuerte exportación de poroto sin procesar, lo que redujo la materia prima disponible para la industria aceitera local y limitó el valor agregado, uno de los puntos débiles estructurales del modelo agroexportador.

Febrero, además, es tradicionalmente un mes de transición entre la cosecha vieja y la nueva, con menor volumen comercializado. Este año esa estacionalidad se profundizó por la menor cantidad de días hábiles -incluidos feriados de carnaval- y por un ritmo de comercialización más lento, en parte a la espera de posibles anuncios sobre baja de Derechos de Exportación.

Cambio de panorama

En enero, el ingreso de dólares se había sostenido en buena medida por la fuerte exportación de la cosecha fina, especialmente trigo. En febrero, el protagonismo pasó a girasol, maíz y al complejo soja, pero con magnitudes inferiores. Recién hacia fines de mes comenzó a observarse mayor ingreso de camiones con maíz temprano, lo que podría empezar a modificar el panorama a partir de marzo, cuando avance la nueva cosecha y el flujo comercial gane volumen.

Para la Argentina, donde el agro explica cerca de siete de cada diez dólares que ingresan por exportaciones, la evolución de la liquidación de divisas no es un dato sectorial: es un indicador macroeconómico central.

La expectativa ahora está puesta en el inicio pleno de la campaña gruesa y en si el mercado logra recuperar ritmo en un escenario donde la competitividad, las reglas de juego y la política cambiaria siguen bajo la lupa del sector.