A propósito de la edición en Francia de “Ecocréativité. Philosophie et politicque postnéoliberal”

Por Hugo Busso

La ecoocreatividad constituye una propuesta filosófica orientada a repensar las condiciones de posibilidad de la vida común en el contexto de la crisis civilizatoria contemporánea. Más que una teoría ambiental o un programa de gestión ecológica, representa una ontología política y una hermenéutica del porvenir que busca articular creatividad, democracia, justicia ecosocial y responsabilidad transgeneracional. Su punto de partida reside en el reconocimiento de que la actual crisis ecológica, económica y cultural no constituye un fenómeno aislado, sino la expresión histórica de un modelo civilizatorio basado en la explotación ilimitada de la naturaleza, la mercantilización de la vida y la subordinación de los bienes comunes a la lógica de la acumulación del capital.

En este marco, la ecoocreatividad amplía la hipótesis comunista formulada por Alain Badiou. Mientras la propuesta de Badiou reivindica la permanencia de la Idea comunista como horizonte universal de emancipación frente al capitalismo contemporáneo, la ecoocreatividad desplaza y expande ese horizonte al incorporar la dimensión ecológica como condición constitutiva de toda política emancipadora. La igualdad ya no puede pensarse exclusivamente entre los seres humanos, sino también en relación con las condiciones ecosistémicas que hacen posible la continuidad de la vida. De este modo, la comunidad política deja de estar limitada por el antropocentrismo moderno para abrirse hacia una comprensión relacional de la existencia, en la cual la humanidad se reconoce como parte de una trama más amplia de interdependencias biológicas, culturales y planetarias.

Desde esta perspectiva, la ecoocreatividad representa el ideal y la utopía de imaginar y construir formas de vida comunicativas, democráticas y ecosistémicas capaces de convivir en armonía con todos los seres vivos, dentro de un horizonte explícitamente transgeneracional. La responsabilidad ética ya no se limita a la justicia entre los contemporáneos, sino que incorpora los derechos de las generaciones futuras y la preservación de las condiciones ecológicas indispensables para su existencia. Esta ampliación temporal introduce una nueva comprensión del bien común, entendiéndolo como patrimonio compartido entre quienes habitan el presente y quienes todavía no han nacido.

La construcción del futuro exige, en consecuencia, una triple actitud hermenéutica. En primer lugar, una reflexión crítica sobre el pasado que permita comprender la genealogía histórica del capitalismo industrial, del colonialismo, de la racionalidad instrumental y de los procesos de apropiación de los bienes comunes. En segundo lugar, una aceptación lúcida del presente, reconociendo el papel estructurante que el capital continúa desempeñando en la producción y amplificación de las múltiples crisis —climática, energética, alimentaria, económica, democrática y cultural— que caracterizan el Antropoceno o, más precisamente, el Capitaloceno. Finalmente, esta comprensión crítica abre la posibilidad de imaginar futuros alternativos que no reproduzcan las mismas lógicas de dominación que han conducido a la crisis civilizatoria actual.

En este sentido, el horizonte ecoocreativo se inscribe plenamente dentro de la perspectiva transmoderna desarrollada por Enrique Dussel. La transmodernidad no supone una simple negación de la modernidad, sino su superación crítica mediante la incorporación de las experiencias históricas, culturales y epistemológicas que fueron sistemáticamente excluidas por el proyecto moderno eurocéntrico. La ecoocreatividad comparte esta orientación al proponer una reorganización de las relaciones entre sociedad, naturaleza, economía y política sobre bases pluralistas, interculturales y ecológicas. Ello implica cuestionar la función histórica del Estado cuando este opera como dispositivo de reproducción de privilegios económicos y de preservación de estructuras de dominación, sin desconocer al mismo tiempo la necesidad de nuevas formas institucionales capaces de garantizar los derechos colectivos y la protección de los bienes comunes.

Esta perspectiva conduce igualmente a una revisión crítica de los modelos contemporáneos de gestión pública. Tanto las formas neoliberales inspiradas en el New Public Management como determinadas versiones del keynesianismo, del comunismo estatal o del nacionalismo democrático permanecen, en diferentes grados, vinculadas a paradigmas productivistas y desarrollistas que continúan subordinando los ecosistemas a los imperativos del crecimiento económico. La ecoocreatividad invita, por el contrario, a replantear las formas de gestión, acceso, distribución y uso de los recursos comunes desde una racionalidad ecológica, participativa y cooperativa, donde la sostenibilidad deje de ser un criterio accesorio para convertirse en el principio organizador de la vida social.

En consecuencia, la ecoocreatividad no constituye únicamente una crítica del neoliberalismo, sino una propuesta filosófica orientada hacia la construcción de nuevos modos de vida postneoliberales, capaces de integrar democracia deliberativa, justicia ecológica, innovación institucional y creatividad social. Su finalidad consiste en abrir un espacio para imaginar formas inéditas de organización política y económica que hagan compatible la libertad humana con los límites biofísicos del planeta y con la regeneración permanente de los ecosistemas.

La relevancia de esta interpelación filosófica resulta particularmente evidente frente a la evidencia científica acumulada durante las últimas décadas. Los diagnósticos elaborados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIEC/IPCC) muestran con creciente precisión que la continuidad del modelo civilizatorio vigente incrementa los riesgos sistémicos para la estabilidad ecológica y social del planeta. En este contexto, la ecoocreatividad propone comprender la imaginación política como una capacidad colectiva para anticipar escenarios alternativos y diseñar instituciones orientadas al cuidado de la vida. Se configura así como una filosofía del futuro que articula crítica, esperanza y responsabilidad, ofreciendo un horizonte normativo desde el cual repensar las condiciones de una convivencia democrática, ecosistémica y transgeneracional para el siglo XXI.