Por Flavio E. Buchieri
Dr. en Economía. Profesor, investigador y consultor.
www.flaviobuchieri.com

En los últimos días, la calma cambiaria regresó, luego de que los dólares financieros y el blue se despertaran y amenazaran con retomar un sendero alcista que, a la larga, se espera. Esto no es una expresión de deseos; más bien, si la tasa de inflación sigue estando “clavada” en torno al 6% mensual, la cotización de los diferentes tipos de cambio deben incrementarse por lo menos a ese ritmo, en promedio temporal, para no quedar atrasados y así provocar males mayores.

La pregunta de fondo, siempre es, cuando esto va a ocurrir. Porque a contrario de lo que algunos analistas han proyectado (por ejemplo, un valor del blue cerca de los $ 400 para Diciembre), lo cierto es que el gobierno y el Banco Central vienen sorteando el temporal (la aguda escasez de dólares). Y si bien no han dado soluciones concretas, lo importante es contemplar que ha tenido suerte en “patear” las expectativas a futuro. Ha ganado tiempo y esto es valioso. La economía no ha instalado un sendero virtuoso de mayor crecimiento, empleo y bienestar. Pero lo conseguido, en base al contexto político y social que enfrenta es, por lo menos, un digno experimento a analizar.

En la semana que pasó, el dólar blue volvió a niveles previos y, lo que es más importante, se observó un importante rebote en el precio de bonos y acciones. Esto brinda una señal clara acerca del triunfo del gobierno en “asegurar” que no habrá devaluación y, al mismo tiempo, profundizar la sequía de pesos en el mercado de dinero, al mismo tiempo que las metas con el FMI van camino a ser logradas y aprobadas. Massa se acerca así a cerrar el año con logros relativos que, meses atrás, parecían impensables. Por supuesto, “no todo lo que brilla es oro”. Sin embargo, la marcha de la economía entra así en un sendero que, de perdurar Massa con lo hasta ahora expuesto, puede merecer cierta apuesta a que podría lograr la meta de bajar la inflación mensual a la mitad de lo que hoy registramos. Y esto, en caso de ser concretado, sí merecerá reconocimiento.

Hay, sin embargo, nubarrones que empañan el horizonte. Y esto es lo que llama la atención de los analistas. Por un lado, la enorme masa de dinero expuesta tras las LELIQs. En segundo lugar, los vencimiento enormes de la deuda en pesos que espera al país en el 2023. Todo hace así pensar que es prioritario para el gobierno tener éxito en una baja sensible en la tasa de inflación. Si no lo consigue, se van a requerir tipos de interés más altos para contener a los primeros. Y si bien la inflación licua gasto público, es esperable que le será más difícil renovar los segundos. ¿Los efectos se compensan? Pues no. Una falta importante de renovación de la deuda en pesos podría desestabilizar la masa de LELIQs con lo cual el proceso de retroalimentación al dólar se fortalecería y, por ende, sí ya no sería evitable un devaluación.

Está claro que la apuesta del gobierno tiene una m (alerta clara: frenar la caída en las encuestas que, de no mediar una sensible ralentización en el deterioro de la economía, hará sí inevitable la salida del poder. Y es claro también que, según la sensación que expresa el propio oficialismo, una derrota electoral haría realidad los fantasmas que teme (la condena a CFK y, con ella, su proscripción). No es este el espacio para analizar esto ni si es factible o no. Lo que sí es cierto es que sin una economía que proyecto expectativas, no se puede ganar una elección. Y menos si la dinámica que expone tiene de agravarse. La salida del poder ya sería por muchos años.

El gobierno a comprado tiempo. Veremos si le alcanza. Por ahora permite que el Mundial transcurra con espíritu propio. Sin embargo, los riesgos de desestabilización no han desaparecido. Massa ha logrado un respiro, La calma lejos aún está de ser alcanzada.