Por Guillermo Ricca. Dr. en Filosofía 

En Spinoza una microfísica del odio, cuyos términos es posible encontrar a lo largo de toda la obra, desde el Tratado breve hasta el Tratado político, pasando, obviamente, por la Ética. En la medida en que son fuente de alegrías y de tristezas para sus semejantes, los seres humanos se relacionan entre sí –y consigo mismos– de manera apasionada, amorosamente o con odio. La filosofía de Spinoza enseña pues a precaverse del odio en dos sentidos: no darle cabida en situaciones de adversidad y daño; sustraerse de las condiciones que favorecen su irrupción o de las circunstancias en las que se ha desencadenado. El sentido más profundo de la cautela spinoziana es ese: precaución del odio.

¿Cuáles son las situaciones en las que y los motivos por los que un ser humano puede ser causa de la tristeza o de la impotencia de otro ser humano? La mecánica del odio –que no puede ser descripta con total prescindencia de las variaciones amorosas– es considerada por Spinoza en sus múltiples maneras de suceder y según registros diferenciales como el “odio teológico”, el odio político, el odio contra otra “clase o nación”, o, más generalmente, el odio individual de un ser humano contra un semejante. En cualquier caso, el examen de la hostilidad revelará una dimensión social que no resulta tan explícita en las otras pasiones.

Las pasiones son objeto de reflexión desde los textos tempranos de Spinoza. En el Tratado breve se adjudica su origen a la opinión (“El odio […] surge del error que procede de la opinión”), que a su vez es definida como una forma de conocimiento carente de certeza, vinculada a la conjetura y a la imaginación.

Una forma de vida es el efecto ético de una manera dominante de conocer, que en Spinoza no se circunscribe nunca a un registro estrictamente epistemológico: el conocimiento tiene un estatuto existencial, genera un modo específico de estar en el mundo, de producir relaciones con los otros, con las cosas y con nosotros mismos. El tipo de conocimiento que Spinoza llama aquí “opinión” es la primera fuente de malas pasiones, entre las que se inscribe el odio. En la misma página, se refiere otra circunstancia que da origen a una forma específica del odio, una forma que en el Tratado teológico-político será mencionada como “odio teológico”.

Baruch Spinoza caminando y leyendo un libro, en Amsterdam, condenado al ostracismo por la comunidad judía local.

Spinoza identifica su procedencia en la “ignorancia” que los seres humanos tienen de las creencias de los otros seres humanos: “Finalmente –se lee en el Tratado breve–, el odio surge también del simple testimonio, como lo vemos en los turcos contra los judíos y los cristianos, en los cristianos contra los judíos y turcos, etc. ¡Cuán ignorante es, en efecto, la gran masa de todos estos acerca de la religión y las costumbres de los otros!”. Esto que Spinoza llama aquí testimonio es la delación, la confesión de la que se nutren todas las inquisiciones. En eso Spinoza realmente acierta: el origen del odio es un mal decir, una opinión que no necesita ni busca verificarse de manera alguna y es, insisto, una forma impersonal sobre la cual Heidegger dijo algunas cosas importantes: es la forma del “se”: se dice tal cosa, se dice tal otra…nadie habla en nombre propio, todo el mundo habla en clave descomprometida y hasta cobarde….Es la forma potencial en que hablan no solo los medios masivos, es decir las grandes corporaciones que producen información, sino también en esa jerga hablan jueces y fiscales del llamado lawfare, en el mundo entero.

Es decir, la realización discursiva más difundida y reproducida en el mundo es una modalidad o varias modalidades de la opinión que, como muestra Spinoza, es causa de odio, causa de una sociabilidad del odio, un odio insisto, impersonal, difuso, pero mortífero y muy destructivo de las formas de vida en común. Esto que Spinoza registra en el plano teológico /religioso y político también acontece en el ámbito de la intersubjetividad. Y allí Spinoza muestra una gran agudeza a la hora de observar los afectos humanos. En la Ética, a su vez, Spinoza nos dice que el odio –y el amor– se incrementan con la imaginación de la libertad de quien lo provoca.

Es decir, si imaginamos que alguien hace lo que hace deliberadamente ya sea a favor o en contra de nosotros eso aumenta ya sea el amor o el odio. En realidad, es imaginario suponer que el otro hace lo que hace para hacerme mal a mí, pensando en mí de manera deliberada…es una imaginación narcisista importante. La idea de que la libertad es idéntica al libre arbitrio es una superstición: en realidad, el deseo tiene causas, aunque ignoremos o elijamos ignorar esas causas. Que es lo mismo que decir que nuestra libertad está reclutada por causas que, en general ignoramos o, como dice el psicoanálisis, son inconscientes.