Desde el lunes, la violación grupal de una joven de 20 años en el barrio porteño de Palermo marca la agenda local de los medios de comunicación y en las redes sociales se volvieron a reflotar algunas reflexiones sobre si llamar “violación en manada” o no a este tipo de delitos. Así, NA consultó a especialistas en diferentes áreas para tratar de entender y explicar si decir manada a un grupo de violadores es o no lo correcto.

“Me parece errado y equivocado hablar de manada para hablar del accionar grupal de estos varones que han perpetrado el delito brutal violento de una violación sistemática. Porque acá no se trata del comportamiento animal ni de un comportamiento extraño a la nervadura brutal, violenta, patriarcal, de nuestras sociedades”, explicó la socióloga feminista y asesora presidencial, Dora Barrancos.

Y agregó: “Coincido con mi amiga Rita Segato quien dice que no se trata de una hazaña erótica, todo lo contrario, acá lo que está en juego es el ejercicio violento del poder. La idea central de extender hasta las últimas consecuencias la patrimonialidad del cuerpo femenino. En el imaginario masculino sigue la idea de que el cuerpo femenino está hecho para la audacia del ejercicio del poder por parte de los varones”.

Al referirse puntualmente al hecho ocurrido en el barrio de Palermo, Barrancos sostuvo: “hay que romper con la mitología de que estas acciones violentas sólo ocurren en lugares geográficamente periféricos, o socialmente periféricos. Este tipo de delitos puede ser cometido por cualquier tipo de varones. No son enfermos. Son hijos sanos del patriarcado. Y el patriarcado es el gran sistema de inculcamiento de alienación permanente del cuerpo femenino al servicio del poder masculino, que no significa esa brutal sexualidad que está en juego el aspecto erótico, sino el deseo de poder que se exacerba con el sometimiento de toda la integridad femenina”.

Por su parte y en la misma línea, la psicóloga transfeminista, Antonella D’Alessio, comentó: “No son animales, son varones de la masculinidad hegemónica, educados en la dominación de los cuerpos, usando esos cuerpos que en todos lados aparecen como decoración, como cosas que hay que obtener, conquistar, penetrar. A cualquier costo. No son manada de animales, son hijos sanos del patriarcado”, y destacó que “la cultura de la violación se encarga de decirnos que no seamos violadas porque sólo son víctimas de violencia sexual las que tenían puesto esto o aquello, victimizando a los culpables porque ‘su sexualidad es irrefrenable’ dicen, como si no pudieran contenerse”.

También el psicólogo Alejandro Viedma, coincide en que no hay que llamar violación en manada a una violación en grupo. “Lo grupal exacerba la fuerza varonil y la impunidad de los pasos que siguen para lograr su cometido. Yo no utilizo el término “manada” porque no se trata de un grupo de animales. Y sí de seres humanos, a pesar de que saquen sin represión lo peor, el grado de crueldad, por no tener en cuenta la humanidad del otro, de ellos mismos y juntos”, sostuvo.

Viedma remarcó que es un acto repudiable “por tratarse de un hecho con una modalidad aberrante y potenciada de la violencia de género” y porque “no hay respeto alguno por esa mujer, esos hombres se sienten habilitados a todo”.

En tanto, la sexóloga clínica y educativa, Analía Lilian Pereyra, indicó que “en este caso, las personas “hombres” que abusan sexualmente de esta joven no son animales, por ello no sería adecuado decir manada. Y también porque con esta significación de “manada” les quitamos la capacidad de decidir, de pensar y revisar sus actos. Porque las personas, hombres y mujeres, sí tenemos esta capacidad que los animales no la tienen”.

Además, Pereyra señaló que existe una complicidad entre varones, “que es abusiva, configurada de modo que sienten que en grupo tengo el sostén y el mandato de hacer lo que por ser varón tengo que hacer, juegos de virilidad en el cual el rótulo de varón me da ese privilegio. Y el “entre todos nos cuidamos”, significa que hacemos lo que el sistema patriarcal nos habilita”.

La profesional de la salud y también de la educación consideró fundamental que en las escuelas se implemente completamente la Educación Sexual Integral (ESI) con perspectiva de género, para que se revise de manera “urgente qué hombres queremos en nuestra sociedad” y poder generar así “una sociedad libre e igualitaria en la que las mujeres no tengamos que tener miedo de salir a la calle ni ser abusadas ni asesinadas. Una sociedad en la que tengamos derecho a disponer de nuestros cuerpos y nuestro deseo”.

Por Gabriela Oprandi.

Fuente: Noticias Argentinas