Por Flavio E. Buchieri
Dr. en Economía. Profesor, investigador y consultor. Director Ejecutivo de “El Club de Negocios”.
www.flaviobuchieri.com

La invasión de Rusia a Ucrania no sólo tomó por sorpresa al mundo sino también a Argentina, quien se encuentra en medio de múltiples idas y vueltas para cerrar su bendito acuerdo con el FMI. Es que nadie sabe bien ni cuánto durará ni qué profundidad tendrá el conflicto a nivel mundial. De ello será el impacto que Argentina tendrá. Y qué, como sabemos, no saldrá indemne del mismo aunque cuando todavía es muy pronto para estimar daños potenciales y/o colaterales.

Son varios los aspectos que hoy se relevan a la hora de contemplar cómo el conflicto va a impactar en nuestro país. En primer lugar, la duración del conflicto afectará no sólo a los precios de los commodities con los cuales interactúa el país (granos, petróleo y gas, mayoritariamente) sino a la tasa de crecimiento mundial. Mayores precios tendrán disímil impacto sobre la valoración de nuestras exportaciones e importaciones y, con ambas, en la disponibilidad de dólares que tendrá el país para afrontar sus compromisos de pago. Por otro lado, la ralentización de la tasa de crecimiento de la economía mundial podría reducir nuestras exportaciones con lo cual el problema antes mencionado se agrava.

 

Otro punto importante reside en cuál va a ser el comportamiento de los principales bancos centrales a la hora de lidiar con un problema que ya está instalado a nivel mundial como lo es la inflación. El conflicto bélico, si prolonga su duración, mantendrá altos los precios del petróleo y, con ellos, se retroalimentará la tasa de inflación. Si la Reserva Federal persevera en su intento de subir aún más las tasas esto no sólo provocará una apreciación del dólar (que desestimulará nuestra competitividad) sino que afectará negativamente a la tasa de crecimiento global con lo cual nuestras exportaciones podrían ver afectado su volumen. Y, con este menor nivel, la disponibilidad neta de dólares que tendremos.

Por el canal financiero, por otro lado, no habrá impacto sobre el país ya que su acceso al mercado de capitales está virtualmente cerrado. Esto es así para el sector público mientras que, para el sector privado, el encarecimiento del crédito impone nuevos costos que, como se supone, afectarán sus planes de inversión. El “vuelo a la calidad”, esto es, la salida de capitales que se produce cuando hay problemas como el que estamos observando será nulo en nuestro país. Y esto es producto del cepo cambiario, que imposibilita estos movimientos. Sin embargo, la situación internacional afecta las potencialidades que el país vuelva pronto a tales mercados sin el acuerdo con el FMI se concreta y produce resultados sensatos.

Es decir, por todo lo expuesto, el conflicto, según su duración, tendrá impactos reales sobre el país. Resta saber cuál será su magnitud aunque, claro está, el balance cambiario será el que más tensión revelará. Esto termina sumando así más presiones sobre una economía donde, por ahora, no está en claro qué nivel de adhesión tendrá el tratamiento del proyecto de acuerdo concreto con el FMI que se apresta a ingresar en los próximos días.

A nivel del congreso, está claro que parte del oficialismo dará batalla en el Congreso. El kirchnerismo es el más renuente a tener que “pautar con el demonio” pero no le queda otro camino. Si pauta, pierde legitimidad ante parte de sus electores. Si no pauta, los desequilibrios macro agravarán la pseudo estabilidad que tenemos con lo cual estaríamos ante las puertas de una crisis cambiaria y/o bancaria superior a la del año 2001. Y esto, seguramente, arrasaría con el gobierno. No creo que CFK quiera desestabilizar su propio invento con tal de mantener un caudal de poder para el año que viene. Es socia de este proyecto y, aunque no le guste, deberá habilitar un mínimo apoyo.

¿Están las cartas ya sobre la mesa? Ya hay mucha información acerca de que el ajuste que se pre-anuncia llega para quedarse. Queda pendiente si Argentina lo cumplirá. Sin embargo, el presente parece ser ya pasado. Todo, irremediablemente, parece que pasará para el próximo gobierno.